Carla Sánchez: “Madrigal me atrapó cuando llegué a La Habana”

29 Marzo 2007 · Imprimir éste artículo

Carla Sánchez: ”Madrigal me atrapó cuando llegué a La Habana”

Carla Sánchez

-Cineando: En Madrigal interpretas a Eva, ¿cómo describirí­as a tu personaje?

-Carla Sánchez: Eva es un personaje en principio, te podrí­a decir, ambiguo porque da una imagen y luego resulta ser otra cosa, que es la pauta con la que se está jugando todo el tiempo a lo largo del largometraje. No todo lo que parece es. Eva es una actriz de teatro cubana y es una chica bastante espontánea, a veces puede parecer algo manipuladora y frí­a, juguetona sobre todo. Pero lo bonito del personaje es que tiene una evolución, comienza mostrándote ese lado de su personalidad que no es más que una fachada y en la segunda historia es cuando ya ese personaje alcanza la máxima madurez y encuentras una Eva serena, muy comprometida con sus ideas, pero madura, casi espiritual también. Y esa fue una de las cosas que me resultó más atractiva.

 

-Cineando: ¿Cómo has afrontado la preparación de tu personaje?

-C.S.: Me fui unas tres semanas antes del rodaje a Cuba. Empecé primero prestando atención a cómo hablaban. Yo soy de Canarias aunque no tengo un acento precisamente muy marcado, pero siempre ayuda porque tienes el oido hecho al acento latino y supongo que es más sencillo. Luego, siempre acabas en la imitación porque forma parte del proceso de ir encontrando e incorporando esa forma de hablar. Y un dí­a, cuando menos te lo esperas, hablas como ellos y no piensas cómo tienes que entonar sino que sale de forma natural. Y además viendo la respuesta en mis compañeros que me decí­a pues está muy bien y creo que el resultado es muy, muy bueno.

 

-Cineando: ¿Qué es lo que te atrajo de Madrigal?

-C.S.: Primero tengo que decir que yo conocí­a el cine de Fernando, que es un cine arriesgado, comprometido, donde él busca otra respuesta del espectador, entonces ya eso me llamaba la atención. Después mi historia con Madrigal es una historia de amor lenta. Empecé la primera vez que lo leí­, el guión no me atrapó tanto y fue poco a poco, a medida que lo iba leyendo, que yo iba entrando cada vez más en la historia, y en el momento en el que Fernando me llevó a las localizaciones para que las viera, ahí­ se produjo el milagro. Porque una cosa es la historia que tu compones en tu mente y de repente ver los sitios fí­sicos donde tu personaje habla, se mueve, llora, respira, cambia muchí­simo la composición que tú tienes. Y a partir de ahí­ todo fue distinto. Madrigal me atrapó cuando llegué a La Habana, cuando vi La Habana, cuando vi la gente, cuando me tocó irme a vivir a una casa con unos ancianos cubanos, elección mí­a por supuesto porque preferí­a, para el personaje lo consideré mucho más enriquecedor que meterme en un hotel que es como estar en una burbuja, eso no es real, y más si tu personaje es cubano.

 

-Cineando: En tu opinión, ¿cuál es la mayor virtud de la pelí­cula?

-C.S.: ¿La mayor virtud? Vaya, es una pregunta curiosa. Pues yo creo que, quizá, la forma en que plantea cosas que son tan humanas como sacar hacia fuera los miedos y cómo refleja tan bien la ambigí¼edad de las emociones humanas, las relaciones entre hombre y mujer, entre mujer-mujer, hombre-hombre, las relaciones son ambivalentes, tú nunca sabes a quién tienes delante exactamente, y a eso tú puedes unir tus miedos que está muy bien expuestos en el largometraje. Miedo a comprometerte, miedo a dejar que te amen, miedo a dejar que vean cómo eres de verdad. Creo que aunque la pelí­cula sea tan artificiosa lo que plantea es muy sencillo. Creo que es de todos los dí­as y que nos ocurre a todos y cómo nosotros conformamos nuestra propia realidad y se la presentamos al otro, y en el fondo ya no sabes qué es de verdad y qué no. Me parece que es una forma muy bonita y artí­sticamente notable de presentar conflictos humanos tan simples.

 

-Cineando: ¿Cómo fue el rodaje en La Habana?

-C.S.: Maravilloso (risas). Fue una de las experiencias más bonitas que he tenido, tanto profesionales como personales, porque todos los actores me acogieron con mucho cariño, me integré mejor de lo que hubiese imaginado, es decir, me sentí­ una más, nunca sentí­ que fuese la española, era una cubana más y eso empezó a suceder incluso en la calle, al principio la gente te dice cosas y sin embargo te mezclas y pasas completamente desapercibida. Y luego profesionalmente el mayor reto ha sido que Fernando confiase en mi de la forma en que lo ha hecho, por pura intuición, porque él no me hizo ninguna prueba, apenas vio parte de mi material, y basándose en la quí­mica de una primera y única conversación en persona que tuvimos, cinco meses después me dio uno de los protagonistas. Creo que eso es increible.

 

-Cineando: ¿Qué es lo que más destacarí­as de Fernando Pérez como cineasta?

-C.S.: Su increible sensibilidad. Tiene una sensibilidad sorprendente, tanto visual como para las historias y como para el entramado de la mente humana, y de los sentimientos. Creo que es un hombre muy humilde pero con un talento fantástico. El mismo creo que a veces le cuesta reconocerlo, siempre todos sus logros los baja, bueno, ha sido por casualidad, yo sólo estoy trabajando. No es tan simple. Creo que tiene una humildad sorprendente y una sensibilidad que se ve, te guste o no te guste la pelí­cula te das cuenta de que detrás de esa cámara hay un individuo que se plantea cosas, que está buscando respuestas.

 

-Cineando: A nivel profesional y personal, ¿qué ha significado hacer Madrigal para ti?

-C.S.: Creo que Mdrigal es un punto de inflexión en mi carrera porque llevo muchos años en Madrid, te presentas a pruebas, haces muchas cosas y es como por fin la oportunidad. Es el sueño de todo actor, que llegue un director y confie en ti y apueste por ti, y esto es lo que ha sucedido con Fernando, al margen de la respuesta que tenga finalmente en el público y mediática, lo que yo he ganado profesionalmente y también de forma personal es muchí­sima seguridad en lo que hago y en mi propia apuesta en mi carrera. Porque esta es una carrera arriesgadí­sima, nunca sabes como va a terminar, hay gente que nunca lo logra y yo pues, bueno, el hecho de poder estar trabajando de momento y viviendo de esto ya me parece fabuloso.

 

-Cineando: ¿Cómo te describirí­as como actriz?

-C.S.: Quizá una buena palabra sea valiente. Me gustan los retos. Eva supuso un reto para mi, por la evolución que ya te he comentado antes y por encarnar un personaje de una cultura opuesta a la española. Y con energí­a (risas). Tengo muchí­sima energí­a por dar. Valiente (risas), y yo no sé, cuesta mucho definirse de forma personal. Tengo mucha fantasia en la cabeza y me gustarí­a poder inyectársela a mis personajes.

 

-Cineando: Hasta ahora, ¿cuál ha sido el momento más bonito, el que más te ha emocionado en tu carrera?

-C.S.: Pues si te digo la verdad fue un dí­a de rodaje, creo que mi sexto dí­a de rodaje en La Habana con Fernando, en el que tení­amos una secuencia que estaba enfocada de una manera determinada, a Fernando no le terminaba de convencer lo que él mismo habí­a armado, entonces se acercó a mi y a Carlos Enrique y nos cambió por completo la pauta de la escena, especialmente a mi, porque yo en ese momento tení­a el peso del diálogo, y en aquél momento yo no pensé que fuera para tanto, hicimos la escena, salió. Pero sin embargo desde el punto de vista de Fernando sí­ que era muy importante dar ese cambio sutil, y se me acercó y después de muchos dí­as que llevábamos ya trabajando, él se abstrae también en su mundo y los actores estamos por otro lado trabajando, no sé cómo serán otros directres… pero Fernando es muy comunicativo pero también tiene momentos de soledad, llevábamos apenas una semana rodando y tampoco le conocí­a demasiado, esa es la verdad. Y de repente me cogió del brazo, me llevó hacia un lado y me dijo estoy muy contento contigo porque eres una actriz muy dúctil, porosa, lo captas todo como si fueses una esponja y lo incorporas a ti de una manera tan natural que me hace muy feliz. Aquellas palabras… me cogió en un momento que yo no me lo esperaba para nada, porque yo no tení­a conciencia de que fuera para tanto, estábamos dentro de la dinámica del rodaje y ya está, esos cambios suceden cada dos por tres, pero me impresionó. Ese momento me impresionó y no pude contener la emoción. Desaparecí­ del set durante cinco minutos, me fui a una esquina de un edificio que estaba en ruinas y empecé a llorar a moco tendido, no podí­a contenerme. Fue un momento feliz porque estaba en el lugar correcto, en la profesión correcta. No sé, a veces necesitas esos instantes de ánimo y de reconocimiento, aunque duren dos segundos. Para mi eso fue más importante que toda la campaña de comunicación que estamos haciendo o que mañana salgas en la portada de una revista. Eso es como un pequeño tesoro que te dan, te lo regalan.

 

-Cineando: Como actriz, ¿qué le pides al futuro?

-C.S.: Sobre todo poder seguir trabajando y que este sea mi medio de vida, que ya es pedir mucho (risas).

La joven actriz Carla Sánchez   Carla Sánchez y Carlos Enrique Almirante   Carla Sánchez y Carlos Enrique Almirante, en un momento del rodaje de Madrigal

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