Criticando: Casino Royale
24 Noviembre 2006 · Imprimir éste artículo
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Director: Martin Campbell. Intérpretes: Daniel Craig, Eva Green, Mads Mikkelsen, Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Caterina Murino
Hoy se estrena la película número 21 de James Bond, que lleva el mismo título que la primera novela y de la película protagonizada por David Niven: Casino Royale. El argumento es diferente y está actualizado a nuestros días, como suele pasar con las películas de esta franquícia. Tal y como ya se había anunciado - y discutido - Pierce Brosnan le pasa la “licencia para matar” a Daniel Craig. Con las últimas películas, el personaje estaba sobre-explotado y ya no se le podía sacar más jugo. La serie 007 necesitaba nuevos aires. Es aquí donde aparecía una imagen más salvaje y fuerte, que mantiene la chulería pero pierde la elegancia. Que sea rubio, además, daría que hablar a muchos. Lo cual es bueno.
Aún habiendo elegido a un buen actor, todo parecía indicar que tendríamos otra vez más propaganda anti-terrorista posterior al 11-S con ese cásting tan flojo al que estamos acostumbrados en películas de acción. Pero la realidad es muy diferente. Aunque la trama gira alrededor de terrorismo, e incluso hay los típicos esbirros, en ningún momento nos importarán estas pequeñas superficialidades. Lo que nos captivará más, y que es donde reside la gran baza de la película, es en la personalidad y el comportamiento de James Bond. Se nos presenta como alguien brutal e inteligente, pero sin demasiada experiencia. Por primera vez, Bond tendrá la camisa manchada de sangre o la cara cubierta de heridas. No es el Dios que siempre hemos visto, porque Casino Royale sólo es su génesis. Podría parecer una simple excusa para hacer lo mismo que Christopher Nolan hizo con Batman, pero el tratamiento es muy diferente.
Daniel Craig no sólo se luce por estar en plena forma física. Mira hacia la cámara y congela al público. Juega al póker, y apostamos por él. Sus formas construyen un James Bond con matices, con identidad secreta propia. Al filme quizá le falten escenas míticas de acción en escenarios dignos de recordar, o carezca de imaginación en algún momento (la casa veneciana es lo único desdeñable). Pero tiene muchas secuencias intensas y emocionantes, especialmente las que suceden dentro del Casino de Montenegro. Incluso hay espacio para la auto-parodia, ya que algunos comentarios disparan con cariño y silenciador a otras películas de 007. Pero sin abusar de ellos, de la misma forma en que no se abusa de la banda sonora, hecho que a veces hacía aborrecer las protagonizadas por Pierce Brosnan. Y si no han hecho falta demasiados efectos especiales ni otros elementos de la post-producción, es señal de que el guión no necesita refuerzos. Como apunte final, cabe destacar el papel de Eva Green, que por primera vez convierte una mujer en algo más que la muñeca o un trapo del agente secreto. Caterina Murino, por su parte, también destaca en su papel de parodia de chica Bond.






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