Criticando: Harsh Times, Vidas al lí­mite **/*****

29 Marzo 2007 · Imprimir éste artículo

 

HARSH TIMES, VIDAS AL LíMITE

**/***** (2/5)

Tí­tulo original: Harsh Times
Dir: David Ayer
Intérpretes: Christian Bale, Freddy Rodrí­guez, Eva Longoria

El guionista de Training Day y  S.W.A.T. se pasa a la dirección con la historia sobre personas que podrí­an haber salido de uno de sus anteriores textos, como si fuera la continuación. En Harsh Times todos están más calmados, porque ya han pasado una etapa de violencia (generalmente llamada de “acción”). Pero en ellos hay algo latente, una indefinición que les hace caer en un caos interior. David Ayer sabe retratar a esta gente con los matices necesarios para que todo el público entienda las reacciones de cada uno. Christian Bale y Freddy Rodrí­guez, siendo dos de las mejores estrellas jóvenes de Hollywood en activo, consiguen subirle muchos puntos de credibilidad a la propuesta. El problema que tiene Harsh Times no es un mal guión ni una mala puesta en escena, sinó los topicazos que entran en escena.

Las bandas de “latinos”, con sus pistolas para proteger a sus novias, o el hombre que se dedica a negocios oscuros desde el sillón de su casa fumando porros. Para poner nervioso al espectador se podrí­a haber evitado recurrir a la posesión de droga y el coche de policí­a paseando por las cercaní­as. Si son tiempos duros, al menos se agradecerí­a que no se explicaran los de siempre. La comercialidad de la cinta es el origen de los resbalones de Harsh Times, ya que cuando a Jim Davis (Christian Bale) se le va un poco la cabeza, David Ayers recurre a mover la cámara y poner un filtro psicodélico. Eso es para dar a entender que se le va la pinza. Teniendo a un actor tan grande en sus manos, no hací­a falta.

El ritmo es bastante bueno, teniendo en cuenta que dura dos horas exactas. Aún así­, la mayorí­a de situaciones son previsibles y cuando aparece algun giro de argumento, está un poco forzado o es ridí­culo, como lo de las llamadas de teléfono. Harsh Times tiene sus mejores secuencias en Méjico, con esas famí­lias inocentes contentas de no tener que temer a nada, a diferencia de lo que les pasa al resto de personajes. Y hay otro elemento un poco desaprovechado, aunque ocupa un buen trozo de pelí­cula. Toda la búsqueda de Jim Davis para entrar en cuerpos de seguridad se desenlaza muy bien. En vez del lastimoso final con el que se queda el filme, quizá hubiera sido mejor terminar el filme donde esa subtrama se queda a la sombra.

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