Criticando: La Escafandra y La Mariposa
1 Febrero 2008 · Imprimir éste artículo
Dir.: Julian Schnabel
Int.: Mathieu Aldaric, Marie-Josée Croze, Anne Consigny, Olatz López Garmendia, Emmanuel Seigner, Jean-Pierre Cassel y Max Von Sydow
Francia hizo este año una elección muy extraña. Para el Oscar a Mejor Película Extranjera, en lugar de escoger la más exitosa - que fue La Vida en Rosa – decidieron llevar a los Estados Unidos esa cinta de animación tan buena, gentil y blandurria llamada Persépolis. Quizá sólo era para llamar la atención y que consiguiera la nominación a Mejor Película de Animación. A su vez, pasaron por alto una obra maestra que ha recogido ya varios premios internacionales. La Escafandra y La Mariposa adapta el libro escrito por Jean-Dominique Bauby que relata su propia experiencia después de haber sufrido un infarto cerebral.
Es inevitable pensar, sabiendo el estado en el que quedó Bauby, en una película como Mar Adentro. Pero Julian Schnabel no está para culebrones y lo que nos propone es un punto de vista completamente diferente. Este filme arranca con una brillante y detallada presentación del protagonista que culmina con un “y ese soy yoâ€. A lo largo de toda película iremos oyendo la voz-en-off de Bauby, para que podamos escucharle dentro de su mutismo físico, pero Julian Schnabel ha sabido escoger cuando y porqué le escucharemos. El uso de las voces y de la música es excelente, aunque hay más aspectos a destacar de la realización. Y es que el libro en el que se basa la película es muy complicado de adaptar, ya que salta de un tema recurrente a otro… y podría haber generado una película hecha sólo a base de metáforas. Pero el guión tiene reservados momentos inolvidables para casi cada escena.
Gran parte del éxito y de la credibilidad del conjunto se debe a la buena interpretación de Mathieu Amalric (que será el enemigo de Bond en la vigésimo-segunda entrega), sumado a un buen maquillaje que crea una caracterización muy adecuada. Pero si de la película tenemos que quedarnos con algo, sin duda serían la escena de la playa, o aquella en que él afeita a su padre, o el flashback a Lourdes. El alma de una persona sigue siendo la misma aunque haya quedado atrapada, y ojalá la mitad de películas que se estrenan a diario pudieran salir de su escafandra, y alcanzar en un solo plano las cuotas de belleza y humanidad que consigue al completo La Escafandra y la Mariposa.










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