José Glusman: “Billy Wilder me ayudó mucho”

7 Septiembre 2007 · Imprimir éste artículo

José Glusman: “Billy Wilder me ayudó mucho”

José Glusman reconoce que ver a Billy Wilder le ha influido

Hoy se estrena en toda España la pelí­cula Solos, una comedia dramática dirigida por José Glusman, que supone una buena muestra del cine argentino actual más comercial. El film narra los desengaños amorosos que sufren dos amigos, y al quedarse uno de ellos en la calle, deciden compartir piso. José Glusman visitó Madrid esta semana, y en esta entrevista nos habló de las grandes dificultades que pasó para poder levantar la pelí­cula, y su visión sobre ella.

 

-Cineando: ¿Cómo describirí­as a Solos?

-José Glusman: Como más que una comedia dramática, un drama cómico que cuenta que el padecimiento por amor o por problemas afectivos no es patrimonio femenino, que a los hombres también les pasa. Si es patrimonio femenino es de lo femenino que tenemos todos dentro y que en definitiva para tomar las decisiones importantes estamos solos, hay que mirar para dentro, ser fiel a sí­ mismo y hacer lo que podamos, pero solos.

 

-Cineando: ¿De dónde nace la idea de hacer la pelí­cula?

-J.G.: La idea es mí­a, como la escaleta del guión pero la verdad es que la idea surge de los dos momentos que tení­amos los dos escritores, Jorge Huertas, que en el momento que la escribimos, él es un hombre unos 15 años mayor que yo, estaba cansado, con dos hijos grandes, la mujer muy bien. Tení­a un matrimonio que podí­as tomar como envidiable pero a la vez él estaba limado. Y yo vení­a, yo que siempre fui soltero hasta hace poco, ahora tengo una nena preciosa, de un golpe afectivo importante. Es decir, los dos vení­amos de crisis y en un momento muy crí­tico del paí­s, porque eran las elecciones entre Noviembre y Diciembre, en 2001, cuando ardió Argentina, y de ambas cosas, de ambos dolores, digo el personal y el social, la necesidad de hacer algo que nos proteja de tanto dolor, divertido, que no evada la responsabilidad de hablar de los temas, que no se burle, pero que tampoco pierda el humor para hablar de lo que dolí­a. Este es un poco el germen de la cosa.

 

-Cineando: ¿Cuál fue el mayor reto que afrontaste a la hora de hacer la pelí­cula?

-J.G.: Sobreponerme a las dificultades. Mira, es una pelí­cula que en el 2002, 2003 tení­a prácticamente cerrada una coproducción con España, con muy buen presupuesto, y no se hizo. La productora que estaba involucrada decidió dedicarse a la televisión y bueno, quedó el proyecto de lado. En el 2004, con un actor español, con un director de fotografí­a español, con una vestuarista española, empecé el proyecto, estaban en Argentina, me desfinancié, se cayó un socio argentino y me di cuenta que no iba a poder terminarla, que habí­a que postergarla y entonces ya los españoles no coincidieron. Tuvo dos caidas muy fuertes esta producción, hasta poder sacarla adelante en el 2005. La mayor dificultad fue de producción, te dirí­a. No porque lo creativo no sea dificultoso, importante, ni los mismos procesos, rodaje, no sea importantes, pero sobreponerse a eso fue lo más duro, lo más complejo.

 

-Cineando: ¿Has tenido algún referente en especial a la hora de hacer Solos?

-J.G.: Te diré que miré las pelí­cula de Billy Wilder, porque no querí­a meterme a hacer una comedia brillante, sino una comedia dolorosa, de alguna manera. Departamento de Soltero [El Apartamento], Jack Lemmon, lo que padece, esa corporación que tiene encima, que lo aprisiona, y decepción tras decepción, es muy patético todo. Y no obstante no se pierde una mirada graciosa. Te dirí­a que mirar Billy Wilder me ayudó mucho, no me comparo ni mucho menos ¿eh? por favor; pues verás que la pelí­cula no parodia, la pelí­cula no se burla, la pelí­cula no se rí­e. Las actuaciones no intentan ser graciosas. Todas las sonrisas, las risas que pasan pasan por una suerte de mirada distorsionada de un acontecimiento casi convencional, una situación que podrí­a ser cualquiera, y de cosas que le pasan a cualquiera se termina transformando en graciosa o en divertida por cierta atracción hacia una distorsión en la mirada, pero no porque las actuaciones lo propongan, no tiene un gag tras otro, pero sin embargo te hace reir.

 

-Cineando: ¿Crees que la pelí­cula pueda ser vista como una mera comedia descerebrada al estilo americano, de dos solteros que comparten piso?

-J.G.: No, no creo. No por pedanterí­a, sino porque no lo es, simplemente. Podrá ser mejor o peor recibida, pero la pelí­cula se corre de los lugares comunes en un punto. Resuelve de una manera medianamente original y se corre de esos lugares comunes. Con lo cual entiendo que podrá gustar más o menos pero no creo que sea tomada así­ de ese modo, porque los tipos que la actúan no lo son, las actuaciones no lo son, la historia no se instala en un lugar. Porque este tema, al menos en el cine argentino, no es que no se haya tocado las relaciones masculinas donde el componente homosexual aparezca, pero no se ha tocado así­. Hay antecedentes, pero plantean otro tipo de esquemas, uno de los protagonistas decididamente homosexual que traiciona al otro hacia un mundo que no es éste el caso, o pelí­culas de hombres decepcionados que se transforman en misóginas, donde el mundo femenino es basureado, tomado casi tangueramente como revancha y como dolor. Y no es el caso, realmente no, las mujeres no ocupan un lugar de mierda, para nada, no es una pelí­cula misógina. Si aparece el tango, aparece muy graciosamente, incluso la letra del tango. Creo que en ese sentido se corre de los lugares más convencionales. Podrá ser más interesante o menos, pero no es una pelí­cula yanqui, entonces no creo que sea tomada por ese lado.

 

-Cineando: ¿Cómo describirí­as a los personajes protagonistas de Solos?

-J.G.: Luis es un bananazo, pijo que le dicen acá, una especie de yuppie, creativo de agencia publicitaria, con un mundo material y banal muy importante que cuando se da cuenta que eso no lo puede sostener, porque se le parte el corazón, no sabe qué hacer, y definitivamente no sabe qué hacer. En la amistad con su amigo es que empieza a encontrar qué hacer con su vida. Y no con su vida sexual, sino con su vida. Y Enrique, que es más pasional, menos cerebral, más bruto, más torpe, más compulsivo, se emborracha, se ataca de celos al punto de romper su relación, y no por eso dar por sentado que tiene razón en lo que le pasa. Y en esa oposición justamente de los caracteres de los personajes creo que está la riqueza que después se va armando en el ví­nculo.

 

-Cineando: En tu opinión, ¿cuál es la mayor virtud de la pelí­cula?

-J.G.: Creo que no bajar lí­nea. Creo que poder contar una historia que podrí­a haber sido convencional de una manera distinta, y no bajar lí­nea. Permitirle al espectador que cierre la mirada sobre los personajes como mejor la quiera leer. De hecho, con el autor, con Huertas, fueron largas horas de conversación acerca del cierre de la pelí­cula, de cómo definir para un lado o para otro las resoluciones de los personajes y, si bien en lo aparente quedan resueltos de un modo, creo que se sugiere que puede haber otra lectura. Yo creo que un mérito puede ser ese, no bajar lí­nea y el otro que, contando una historia como vos decí­as en tu pregunta anterior se podrí­a tomar como una comedia yanqui liviana, yo creo que la pelí­cula se la puede ver de una manera supérflua y se la puede ver entre lí­neas. Que tiene niveles de lectura, y eso tal vez sea un mérito.

 

-Cineando: ¿Con qué te gustarí­a que se quedaran los espectadores que vean la pelí­cula?

-J.G.: Que hayan pasado un buen momento. No quisiera ser pretencioso en términos de los temas, los pensamientos. Me pasó algo en Argentina gracioso, que era que una mujer me decí­a ay, la verdad a mi me pasaba lo mismo con una amiga, y otra dijo ay qué bueno, estoy aprendiendo algo de los hombres que no veí­a. Entonces, bueno, tal vezen este camino podrí­a haber algunas reflexiones más sesudas acerca de con qué se podrí­a quedar cada uno, pero la verdad, si la gente va y pasa un buen momento yo voy a estar más que contento, porque ese buen momento va a llevar implí­cito distintos niveles de lectura, distintas reflexiones, la posibilidad de cierre acerca de qué pasa con estos tipos. Estarí­a bastante contento si la gente la pasa bien un rato.

 

-Cineando: A nivel profesional y personal, ¿qué ha significado para ti hacer Solos?

-J.G.: Un crecimiento brutal, desatar una energí­a muy fuerte en lo personal, porque entre mi primera pelí­cula, que tení­a algo casi premonitorio respecto a la caida y la ruptura de una sociedad, como pasó finalmente en 2001. En el momento que la escribimos, lo que te contaba antes, en los momentos crí­ticos tanto personales como en el paí­s, en el contexto social, hasta poder filmarla en el 2005, fueron años muy difí­ciles en lo personal, muy difí­ciles, porque yo, ya te digo, en el 2002 me vine a España, prácticamente tení­a cerrada la conclusión, con lo cual tení­a como un diseño de vida que se iba a desarrollar de un determinado modo y no fue así­, con lo que hubo una serie de energí­as internas personales trabadas casi cuatro años, que no me permitieron un montón de otras cosas que sólo a partir de filmar se destrabaron solas, que me han potenciado, que me han hecho muy bien, que me tienen en proceso de crecimiento. Fui padre en el medio.

 

-Cineando: Cambiando de tema, ¿cómo ves al cine argentino actualmente?

-J.G.: Con mucha producción, Creo que, por suerte, el Instituto de Cine que nos permite hacer tal cantidad de pelí­culas, cincuenta, sesenta por año, que lleva después un montón de problemas, la distribución, la exhibición, pelí­culas buenas, pelí­culas malas, pelí­culas mejores, peores, claro, con esa cantidad, no va a haber una uniformidad. Lo comparo con el deporte, digo el hecho de que haya un campeonato de basket que hay en la Argentina, donde no es una liga tan fuerte como la española o la italiana que tiene tantos extranjeros, una liga local que tal vez tiene muchos mediocres, pero permite que se formen jugadores que después terminan haciendo rica la liga española, la NBA, que salgan campeones olí­mpicos. O el fútbol, para que llegue Gago, Messi, Valdano, Aimar, para que lleguen esos jugadores acá hay cien miel que no llegan a nada. Pero bueno, justamente, ese caldo de cultivo permite que salgan estas cosas, permite que salgan pelí­culas muy buenas, pelí­culas que trascienden las fronteras y pelí­culas que sean más cerradas con respecto de la llegada al público, pelí­culas más para festivales y pelí­culas que llegan a mucho público. Yo veo un cine que tiene un montón de problemas pero fundamentalmente que hay una cantidad de producción que permite que vayamos asomando la cabeza. No me esoy ubicando en ningún lugar de privilegio, bueno, de privilegio sí­ por hacer lo que me gusta en la vida, eso sin duda, pero no respecto de si tengo más o menos méritos que nadie, sino en el plural de que vayamos asomando la cabeza y vayamos pudiendo hacer trascender pelí­culas que si no existiera el Institituto y si no hiciéramos esta cantidad de pelí­culas, serí­an cinco o seis nada más los directores que podrí­an estar concretando los proyectos.

 

-Cineando: ¿Cómo te describirí­as como cineasta?

-J.G.: (piensa). No lo sé. Casi como en la vida, como un luchador que experimenta, que algún dí­a hará una buena peli, aunque estas puedan ser muy buenas, no importa. Y como alguien que intenta tener una mirada, una reflexión personal acerca del acontecimiento creador, artí­stico. Y como alguien que privilegia al actor por sobre todo, al actor y a la narración por sobre todo.

 

-Cineando: ¿Qué es, qué significa para ti el cine?

-J.G.: La posibilidad de narrar y de llegar a una cantidad de gente que de otro modo no podrí­a.

 

-Cineando: ¿Cuál es tu concepto de cine?

-J.G.: Imagen en movimiento ¿no?. Como una frase que dice uno de los personajes en la pelí­cula, hacemos cine para recobrar el asombro original. Hoy lo audiovisual es muy masivo y tal vez ocupa el lugar de nuestros abuelos, que no tengo, como mi padre, que no está, pero esa posibilidad de que te cuenten historias, aunque sea siempre la misma, esa cosa que de niño uno tení­a, y lo veo con mi hija, uno le inventa la historia y cuando se la vuelve a contar quiere que sea igual, no quiere que cambie. No quiero no cambiar, pero sí­ tratar de recobrar ese asombro original y poder de algún modo volver a narrarlo, que le venga bien a algunos, y sobre todo a mi.

 

-Cineando: Hasta ahora, ¿cuál ha sido el momento más bonito, el que más te ha emocionado en tu carrera?

-J.G.: El ví­nculo con los actores. Suerte que escuché al final en tu carrera porque si no te hubiera dicho el nacimiento de mi hija. El ví­nculo con los actores. Al escribir y en mi ví­nculo con los actores siento que tengo los momentos más intensos.

 

-Cineando: Como cineasta, ¿qué le pides al futuro?

-J.G.: Poder seguir filmando.

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