Manuel Lombardero: “En Tuya Siempre he puesto todo lo que sé”

29 Abril 2007 · Imprimir éste artículo

Manuel Lombardero: “En Tuya Siempre he puesto todo lo que sé”

Manuel Lombardero dirige Tuya Siempre   Manuel Lombardero, director de Tuya Siempre

-Cineando: ¿Cómo describirí­as a Tuya Siempre?

-Manuel Lombardero: Tuya Siempre es muchas cosas para mi. En primer lugar es una pelí­cula pasional para mi porque es mi retorno a la dirección después de diez años, es una pelí­cula en la que he puesto todo lo que sé y todo lo que quiero hacer. Y en consonancia con eso, es la historia de un grupo de personajes que se relacionan yo creo que apasionadamente con la vida también, que esperan encontrar cosas en la vida, como son personajes humildes, sencillos, saben que no pueden esperar demasiadas cosas, pero aún así­ tienen ilusiones, esperar el amor. El problema es que los deseos de unos y otros se interponen y a veces de ahí­ surge un poco el conflicto.

 

-Cineando: ¿Cómo surge la idea de Tuya Siempre?

-M.L.: Surgió cuando leí­ la necrológica de una cantante de jazz que habí­a vivido en Barcelona en los años 60, y se dio la circunstancia que siendo una mujer admirada, porque cantaba bien y era atractiva, habí­a tenido una relación con un hombre poderoso que le hizo perder un poco la cabeza, y además tuvo la mala pata de presentar a dos personas que iban a cometer un crimen, uno de ellos el contrabajista de su propia banda. Eso me resultó chocante y entonces investigué cuál era el ambiente de ese club en los años 60, que resultó que era un club interesante, atractivo, de ambiente contestatario, opuesto a la sociedad de entonces. Vi un poco los elementos del crimen y a partir de ahí­ pensé que el crimen me daba un final y que podí­a contar esa historia.

 

-Cineando: ¿Has tenido algún referente en especial a la hora de hacer Tuya Siempre?

-M.L.: Sí­. Yo creo que partí­ sabiendo que el mundo del jazz es un mundo estéticamente muy poderoso, conociendo muy bien sobre todo las fotografí­as que grandes fotógrafos amantes del jazz han hecho. Y a lo mejor con el referente de lo bien que la nouvelle bague francesa retrató la música de jazz y el ambiente de personajes de una cierta bohemia, y también para mi el mejor referente de pelí­culas de jazz es Alrededor de Medianoche, la pelí­cula de Bertrand Tavernier. Y te diré que cuando me metí­ en el proceso de producción de la pelí­cula donde yo creo que sabí­a a dónde querí­a llegar pero no sabí­a por donde iba a ir, decubrí­ unas ciertas similitudes con el cine de Robert Altman que yo nunca habí­a sospechado en mi. Es decir, como una especie de adaptación al medio. La pelí­cula tiene un progreso y tú te adaptas a él. Y eso creo que es gratificante porque le da una frescura a la pelí­cula, que si además le pone pasión pues sale algo curioso.

 

-Cineando: ¿Qué es lo que más destacarí­as, brevemente, de Flora Martí­nez, Jose Coronado, Nancho Novo y Rubén Ochandiano como intérpretes?

-M.L.: En primer lugar todos son unos grandí­simos actores. Por ejemplo, para empezar por Jose Coronado es un actor que creo que está en una progresión muy importante. Robert deNiro creo que es un actor que ha causado cierto furor en generaciones jóvenes y muchos quieren parecerse a Robert deNiro. A veces tengo la sensación de que Jose Coronado está en el camino de Mastronianni, de Fernán Gómez, de la tradición de actores que se hacen pelí­cula tras pelí­cula, año tras año, y que crecen. Desde hace unos años tengo a Jose como uno de los grandes actores de España, y cuando surgió la pelí­cula no tuve dudas de que él podí­a hacer el papel de un modo… como lo ha hecho. En el caso de Nancho Novo vino de un modo un poco especial porque yo querí­a retratar a un músico de jazz hoy y estaba buscando un referente de cómo serí­a un músico de jazz con un cierto tipo de problemas, una vida existencial, y no caí­ en la cuenta hasta que fui a un recital de Antonio Vega, y pensé, coño, Antonio Vega, con su encanto, con ese magnetismo que tiene serí­a el Charlie Parker de hoy. Entonces, cuando me di cuenta de eso pensé pues entonces es que es Nancho Novo. Y llamé a Nancho y le dije oye por qué no hacemos un músico de jazz inspirándonos un poco en el magnetismo y la belleza que tiene Antonio Vega. En cuanto a Flora me parece que es una actriz con una intuición tan sorprendente. Es decir, que es una mujer que en sus gestos tiene cosas que le dan una credibilidad absoluta a los personajes. Cosas que a veces el director no cae en hacerle una indicación y ella tiene la intuición de que sabe que para hacer aquello tiene que mirar primero a no sé donde. De repente tiene un gesto que le da credibilidad total a la escena. Ya no te digo de su capacidad animal o pasional, pero por encima de las cosas evidentes, es una mujer de una intuición artí­stica sorprendente, aparte de que es una tí­a muy inteligente y es un placer tratar con ella. Y Rubén es muy fuerte con la audiencia. Yo recuerdo haberlo visto en La Flaqueza del Bolchevique, tení­a una escena tremenda al final, que a mi me puso los pelos de punta. Pero por ejemplo yo lo vi en otra pelí­cula de Calparsoro, Guerreros, que hací­a de sargento del ejército, y yo mismo fui sargento de milicias universitarias, y entonces recuerdo que me trataba con los sargentos profesionales, recuerdo cómo eran, y decí­a pero como es posible que este tí­o que ni ha hecho la mili retrate un sargento tan bien. Creo que tiene una cualidad. Rubén tiene como algo oculto, que crees que puede estallar en cualquier momento, que puede salir a la superficie. Entonces esto yo creo que es muy atractivo. Le da a los personajes como un misterio y algo oculto que tu sabes que en cualquier momento puede ser dinamita. Me viene a la memoria este actor que usa Scorsese a veces, que se llama Joe Pesci. Tiene algo de Joe Pesci, un sustrato que puede emerger. En Joe Pesci es más evidente y en Rubén menos, pero tiene esta cosa de una tensión latente que le da mucha fuerza.

 

-Cineando: Cambiando de tema, ¿cómo ves al cine español actualmente?

-M.L.: Difí­cil. Creo que se ha hecho muy difí­cil hacer pelí­culas fuera de los grupos de comunicación o de las televisiones. Lo que hace diez años era posible, que era rodar una pelí­cula con una productora independiente, financiarla bien y tener una distribución solvente, hoy se ha vuelto muy complicado, desde un punto de vista de producción. Y desde un punto de vista artí­stico no me atrevo a decir nada, tengo suficiente con lo mio, pero en este sentido si creo que se ha endurecido mucho el cine. Lograr pelí­culas de un cierto nivel de exigencia y coste es muy complicado. Y eso explicarí­a un poco por qué hay tantas pelí­culas de nuevo realizador, porque normalmente son pelí­culas de menor coste, más baratas y más fáciles de hacer. Entonces creo que hay una barrera en un cierto punto. Los resultados no están inexcusablemente ligados al coste y a la exigencia pero sí­ hay un cierto grado de proporcionalidad. Y es más difí­cil hacer cine con una cierta holgura por esta cuestión industrial.

 

-Cineando: ¿Se vive el cine con la misma intensidad desde la barrera, como productor, que desde la silla del director?

-M.L.: Yo siempre quise ser director. Yo estudiaba Arquitectura y cuando me puse a trabajar en el cine fue porque querí­a ser director. Cuando fui productor tení­a que contenerme para no matar al director y ocupar su silla. Entonces, para mi no hay color, porque lo que yo quise siempre hacer fue dirigir. Para mi la producción era una manera de estar cerca de la dirección y de esperar llegar adonde querí­a llegar.

 

-Cineando: ¿Qué es, qué significa para ti el cine?

-M.L.: Yo creo que es una manera de acotar la vida. La vida es demasiado amplia y mi pasión por el cine me permite acotar la vida y reducirla a una escala más humana.

 

-Cineando: Hasta ahora, ¿cuál ha sido el momento más bonito, el que más te ha emocionado en tu carrera?

-M.L.: Yo creo que los principios. Yo creo que la alegrí­a con la que yo iba a los rodajes cuando era un muchacho, cuando conocí­ a Néstor Almendros por ejemplo, con los primeros conceptos de cámara que yo tuve me los enseñó Néstor Almendros. O te diré en una pelí­cula con Joseph Losey que vi llegar a Alain Resnais al plató, que era un hombre de una apariencia espléndida, un hombre alto, que sé yo, en realidad serí­a un poco mayor de lo que soy ahora, pero era un hombre de una gran elegancia y yo tení­a muy mitificado el cine. Yo recuerdo aquellos primeros momentos en que yo era un aprendiz y viví­a el cine sin presión. Han sido casi los más reconfortantes. Yo te dirí­a que todo el proceso posterior ha sido un proceso de mucha pasión y mucha dureza en donde habí­a muchas cosas en juego, y por lo tanto me he relacionado con el cine de una manera más compleja.

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