Vicky Peña: “En España somos muy dados a la frivolidad y a la cultura de escaparate”
27 Febrero 2007 · Imprimir éste artículo
Vicky Peña: “En España somos muy dados a la frivolidad y a la cultura de escaparate”
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-Cineando: ¿Cómo describiría al personaje que interpreta en Homebody/Kabul?
-Vicky Peña: Como una mujer de nuestro tiempo, una mujer de la sociedad primermundista de una ciudad occidental como es Londres, con un perfil bastante reconocible y bastante habitual entre muchas mujeres de nuestro tiempo, de nuestra clase social, pero que de algún modo siente una pasión, una curiosidad encendida por cuestiones marginales, le gustan las cosas que se han olvidado, las cosas que conviene rescatar a veces y de las que frecuentemente prescindimos. Con un perfil psicológico determinado, con una vida familiar determinada, una clase acomodada, un marido, una hija, pero con una falta de entendimiento que le produce una profunda desazón y que la obliga a tomar un rumbo, para su vida un tanto insólito en una mujer de una clase social acomodada. Una mujer que se siente concernida por los problemas del mundo de algún modo, y sobre todo en la cual la palabra responsabilidad adquiere un relieve importante.
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-Cineando: ¿Cómo ha afrontado la preparación de su personaje?
-V.P.: Con la disciplina, con el rigor y con el cariño con que habitualmente lo hago. En este caso mi participación es un monólogo, porque mi texto es un texto en el que estoy sola frente al público, hablando al público, que en este momento adopta, para mi personaje, el papel del resto de ciudadanos, del resto de la historia, los demás, lo que no es uno mismo, todo lo que está fuera de si mismo. Es un texto largo y complejo, sobre todo porque baraja muchas cuestiones. Es un texto que participa de diversos niveles de pensamiento, por un lado explica su sentir, su vida, una anécdota o una circunstancia habitual que le ocurre al ir a una compra, lo mezcla con una narración histórica de una guía histórica. Es un texto en el que se entremezclan diversos niveles, en el que se entretejen distintas tramas, ahí, el hecho de intentar diferenciarlas, de intentar poner en la palestra por un lado lo que es el pensamiento concreto, por otro lado intentar dejar traslucir lo que es un sentir, una incomodidad, una desazón personal que se manifiesta no de un modo concreto sino a través de pequeñas frases o de pequeñas expresiones que oimos habitualmente, pero que puestas luego todas juntas dan este perfil digamos preocupado o inquieto. Y básicamente, lo que ha sido complejo y largo y lo he abordado como te decía, con rigor, con cariño, con la implicación y la responsabilidad que creo que los intí¨rpretes de teatro tenemos que tener cuando el teatro es como yo creo que tiene que ser, un espejo de nuestro tiempo, una ventana a nuestro interior, como ciudadanos, como seres humanos, como personas. En el teatro se refleja mucho del sentir o de ese pensamiento del que a veces prescindimos pero que sigue estando en nuestro interior. Con disciplina, siguiendo las indicaciones de Mario.
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-Cineando: En su opinión, ¿cuál es la mayor vitud de la obra?
-V.P.: Yo creo que quizá el intentar poner al espectador frente a si mismo, abrirle interrogantes, plantearle cuestiones que quizá por comodidad, por pereza, por miedo, por falta de sensibilidad en determinados momentos, cuestiones que olvidamos, que dejamos en el cajón del todo vale y que aquí las pone, las pone evidentemente en clave de conflicto humano y de conflicto social. Y luego dejar al espectador sacar sus propias conclusiones; no es una obra que ofrezca respuestas ni que ofrezca metodologias de solución para nada. Yo creo que deja al individuo la opción individual de pronunciarse, de manifestarse o de formarse un estado de opinión.
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-Cineando: ¿Cómo le gustaría que salieran los espectadores después de ver la obra?
-V.P.: Conmocionados, emocionados, concernidos de algún modo. Que se despertara en ellos alguna pequeña burbuja de inquietud, y que eso de algún modo haga tomar una posición humanística frente a determinadas cuestiones que están delante nuestro pero que con esa contra de inmunidad que nos da el hecho de estar en el primer mundo, el hecho de esto no va conmigo, esto a mi no me pasa, pobre gente, pero yo mira qué bien estoy, que un poquito en esa costra uniforme de bienestar se produzca por lo menos un pequeño arañazo, un pequeño desconfort, una pequeña sensibilización, aunque sé que hay mucha gente que está sensibilizada y mucha gente que es conciente de muchas cosas que están pasando y que no nos gustan, que nos gustaría para nada que nos pasaran a nosotros pero en cambio toleramos con una indiferencia olímpica que les pasen a los demás.
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-Cineando: ¿Qué es lo que más destacaría de Mario Gas como director?
-V.P.: Le conozco tan bien que me resulta difícil poner un trazo, un carácter predominante de su manera de hacer. Yo creo que tiene por un lado una sabiduría como director de escena que ha ido acrisolando a lo largo de muchos años de profesión, a lo largo de trabajar con gentes muy diversas, de tocar diversos géneros del teatro, siempre con rigor y siempre con firmeza. Tiene buen oficio para dirigir a los actores, y dentro del buen oficio que pueda haber, porque no todos los directores lo tienen, quizá lo más curioso, lo que más pueda llamar la atención a gentes que trabajan con él por primera vez, es que no siempre dice cosas, no siempre da indicaciones. Yo creo que deja que cada cual, cada actor, cada persona, vaya formándose un estado de opinión sobre su propio trabajo, vaya acoplándolo a los trabajos que van haciendo los otros intérpretes, y vaya creciendo de un modo verdaderamente libre, pero responsable, la proyección actoral, el trabajo actoral. Deja que aflore el personaje sin marcar demasiado los trazos externos, deja que sea la propia persona la que se autolimite si es que se trata de limitarse, o se espolee a sí mismo para hacerse crecer y florecer más el trabajo de interpretación.
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-Cineando: A nivel profesional y personal, ¿qué significa hacer Homebody/Kabul para usted?
-V.P.: Para mi un gran placer. Un gran placer porque siempre que hago teatro tengo el deseo y la necesidad de saber que es algo que importa, o lo lo menos que me importa como ciudadana, que me importa como ser humano, y en esta obra estas aspiraciones están claramente atendidas, se ven plenamente satisfechas. Me siento muy feliz de participar en algo tan duro por una parte, tan artísticamente creativo, como creo que es esta obra por parte del autor, de Tony Kushner, y me gusta sentirme útil a la sociedad de este modo, como ciudadana, como ser humano.
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-Cineando: Cambiando de tema, ¿qué opina del panorama teatral en España en estos momentos?
-V.P.: Creo que en estos momentos, como en tantos otros a lo largo de la historia, se dice que el teatro está en crisis y sin duda lo está. Creo que la naturaleza del teatro es la crisis. La crisis entendida como una fiebre de crecimiento. Siempre tiene que estar en crisis el teatro. Si en algún momento se instalara, o se apalancara o se acomodara perdería algo de esa naturaleza vírica, por así decir, que creo que tiene que tener. Quizá en este momento una de las cosas que yo personalmente echo más en falta es el rigor, el rigor a todos los niveles, desde nosotros mismos, desde los actores, que a veces estamos encantados de conocernos y sin ninguna ambición, sin ninguna pretensión de ser más estrictos, de ser más hábiles con nuestra herramienta, que es nuestro cuerpo, nuestra voz, nuestro oficio, nuestro quehacer, nos acomodamos frecuentemente, somos demasiado susceptibles de ser abordados por las comodidades de la fama, o los relumbrones de la cartelera comercial, por así decir. Desde nosotros, los actores, como te digo, actores y directores, las gentes del teatro, hasta la responsabilidad de la Administración en lo que sería la cuestión del teatro público. Creo que el teatro es un exponente cultural muy importante y que las Administraciones, la del Estado y las territoriales, tienen un poco al teatro como una pequeña moneda de cambio, de frivolidad, como un escaparate. Es muy fácil llenarse la boca diciendo hemos hecho tantas obras, han asistido tantas personas a los espectáculos. La asistencia al teatro no puede ser un exponente de la bondad o la maldad de las obras, es muy difícil valorarlo y medirlo realmente porque no es una cultura que de un fruto inmediato, que de un fruto visible, o que de un fruto digamos palpable. No se puede medir. Puede haber una obra estupenda que tenga pocos espectadores pero que deje una honda huella, una profunda marca en todos aquellos que la han visto. Y a lo mejor hay funciones, espectáculos que han visto mucha gente pero que son calorias vacias por así decirlo. No dejan nada más que el hecho de haber pagado un dinero en taquilla, de poder decir yo he visto tal obra, pero no producen nada, no dejan nada, y en ese sentido yo creo que puede ser pernicioso, puede volverse contra nosotros, pero ¿cómo se mide éso? Realmente es muy difícil. En esa habilidad por intentar rentabilizar los teatros, que es lógico que las Administraciones quieran tener una ocupación mayor, pero no atender únicamente a ésto, creo que ahí el sector público tiene unos deberes muy fuertes que hacer. Tendría que mirarse en otros paises de nuestro entorno, concretamente en Francia, creo yo que es un buen exponente de tradición teatral. Aquí somos muy dados a la frivolidad y al ji ji ja ja y a la cultura de escaparate.
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-Cineando: Para terminar, una última pregunta. ¿Qué es, qué significa para usted el teatro?Â
-V.P.: Pues la vida. Mi profesión. Toda mi vida personal ha estado ligada al teatro, es el medio en el que me siento que estoy recibiendo y devolviendo algo a la sociedad. Mis amigos son del teatro, mi gente es del teatro, mi familia es el teatro. Casi, casi podría decir que el teatro es de algún modo mi patria. No tengo muchas aficiones por banderas, himnos, patrias, naciones y este tipo de historias, y creo que si hay un territorio del que yo soy ciudadana y del que soy partícipe es del teatro, del teatro tal como lo entiendo yo, claro.







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