Denys Arcand: “El arte es mi salvación”

9 Abril 2008 · Imprimir éste artículo

Denys Arcand estrena La Edad de la Ignorancia

El próximo viernes se estrena en toda España La Edad de la Ignorancia, la nueva pelí­cula de Denys Arcand, aclamado y premiado director de Las Invasiones Bárbaras. En este nuevo film, Arcand cuenta la vida de un hombre que lleva una vida monótona y aburrida pero que logra escapar de ella gracias a su fantasí­a. A continuación os ofrecemos una entrevista realizada a Denys Arcand, cortesí­a de Golem Distribución.

 

-Pregunta: ¿De dónde surgió la idea de La Edad de la Ignorancia?

-Denys Arcand: Debido al éxito de Las Invasiones Bárbaras, estuve un año viajando por todo el mundo concediendo entrevistas. Duró todo un año, desde Cannes hasta los Oscar del año siguiente. Después de tres meses pensé: ¿Existe alguna persona a la que le gustarí­a hacer lo que hago ahora? Empecé a pensar en un tipo que nunca habrí­a salido en la tele, al que nunca le habrí­an puesto un micrófono delante de la boca, pero que sueña con ser entrevistado, con conocer a estrellas de cine y codearse con la jet set. Así­ nació Jean-Marc Leblanc.

 

-P.: ¿Escribió el papel para Marc Labréche?

-D.A.: No habí­a trabajado con Marc, pero es un actor cómico muy famoso en Quebec. Habí­amos coincidido un dí­a en otro proyecto justo antes de que empezara a escribir este, y me di cuenta de que nos hací­an gracia las mismas cosas. También tení­a la edad perfecta y ese aspecto anodino ideal para el personaje, pero lo más importante es que estábamos exactamente en la misma onda. Me quedaba solucionar lo más difí­cil: ¿Cómo iba este hombre anodino a hacer algo con su vida, qué soluciones podí­a ofrecerle?

 

-P.: Como director, ¿las pelí­culas son su forma de “criticar” a la sociedad?

-D.A.: En Hollywood hay un dicho muy bueno: Si tienes algo que decir, manda un telegrama. No digo que no tenga nada que decir, pero sobre todo tengo una historia que contar. Desde luego, la historia tiene aspectos simbólicos. No me siento capaz de hacer un drama puro y duro ó 90 minutos de comedia. Mis pelí­culas siempre fluctúan entre la comedia, la tragedia, el humor, el melodrama. Por eso soy realizador de cine y no activista polí­tico. Tiendo a ver los dos lados de una discusión.

 

-P.: La vida de Jean-Marc es aburrida, sin cariño, pero sus sueños están llenos de mujeres que le adoran.

-D.A.: Llenan un enorme vací­o emocional y sexual. Todo empieza cuando, estando los dos en la cama, le dice a su mujer: Me preocupa mi madre. Ella le contesta: Bueno, mientras sigue jugando con la consola Gameboy. Jean-Marc sale al jardí­n y se va al cobertizo, donde le espera Diane Kruger, que le pregunta: ¿Cómo está tu madre?. Es lo que quiere oí­r, pero que nunca oye. Si vas a tener una amante en sueños, mejor que sea Diane Kruger con una copa de champán delante de una chimenea encendida. No hay lí­mites en los sueños.

 

-P.: La pelí­cula nos presenta nuevos personajes, pero el espí­ritu es el mismo que en El Declive del Imperio Americano y Las Invasiones Bárbaras.

-D.A.: Es la última entrega de la trilogí­a. Después de El Declive del Imperio Americano, de Las Invasiones Bárbaras, ¿qué queda? Los años oscuros. Tengo la sensación de que vamos hacia una nueva Edad Media. Querí­a desarrollar ese tema porque la Edad Media representa la guerra contra el islam: los infieles, las cruzadas. Así­ estamos ahora. También representa el repentino deseo de la mujer de convertirse en inaccesible y tener a los hombres recitándoles poemas.

 

-P.: ¿Hay esperanza para Jean-Marc?

-D.A.: Hay mucha esperanza, pero no sé cuál es su mejor esperanza. He añadido una referencia personal al final de la pelí­cula cuando la manzana en el cuenco se convierte en las manzanas de Cézanne. El arte es mi salvación, pero no sé qué solución escogerá Jean-Marc. Quizá vuelva a la ciudad, quizá se quede en el campo. No importa tanto lo que haga, sino lo que sabe. Tampoco importa el lugar. La paz puede encontrarse en el corazón de una metrópoli. Pero es lo que se debe encontrar, la paz y la serenidad.

(Imagen cortesí­a de WireImage; © de WireImage.com)

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