Mark y Nick Francis: “Oro Negro animará a la gente a encontrar sus propias soluciones”

29 Marzo 2008 · Imprimir éste artículo

Mark y Nick FrancisAyer se estrenó, dentro del marco del Mes del Cine Solidario, el documental Oro Negro, distribuido por  Karma Films, que podrá verse en las principales ciudades de España. En este documental, los hermanos británicos Mark y Nick Francis examinan el proceso de elaboración y comercialización del café, denunciado las malas condiciones de vida que sufren los cultivadores de café al tiempo que se resalta el preso desorbitado que ha alcanzado una taza de café en el primer mundo. A continuación os ofrecemos una entrevista a Mark y Nick Francis que nos ha sido cedida por Karma Films.

-Pregunta: ¿Cuál es el origen de la pelí­cula?

-Mark y Nick Francis: Cuando a finales de 2002 se anunció que Etiopí­a estaba de nuevo al borde de la hambruna nos decidimos a hacer Oro Negro. Veinte años atrás la población de todo el mundo habí­a respondido con su ayuda a la difí­cil situación que viví­a el paí­s. Pero esta vez los campesinos etí­opes, conocidos por producir uno de los mejores cafés del mundo, se veí­an inmersos en una nueva crisis mientras que la industria global cafetera estaba en auge, obteniendo beneficios millonarios para las grandes multinacionales. Por tanto, sentimos que tení­amos que contar esta historia, exponer la explotación en la industria del café y subrayar que los paí­ses desarrollados demandan en lugar de más ayuda, un sistema de comercio más justo.

-P.: ¿Por qué el café? ¿Erais grandes consumidores de café antes de hacer la pelí­cula?

-M. y N.F.: Siempre hemos disfrutado de una buena taza de café, especialmente por las mañanas. Incluso todaví­a vamos a las cafeterí­as para juntarnos con los amigos y los compañeros de trabajo. Pero no fue nuestro amor por el café lo que nos inspiró a hacer la pelí­cula sino que tení­amos la sensación de que con la excusa del café podí­amos enseñar de qué manera nuestro dí­a a dí­a está conectado con lo que ocurre en África. La pelí­cula también podrí­a actuar como una gran ventana hacia el complejo mundo del comercio internacional. Es importante señalar que podí­amos haber hecho Oro Negro sobre muchos otros productos cómo el algodón o el petróleo para mostrar cómo las personas que lo cultivan son explotados de manera muy similar. Sin embargo lo que es único con respecto al café es que es una de las bebidas más universales del mundo y puede llegar a una audiencia mayor. Haciendo Oro Negro hemos conocido a mucha gente de la industria de manera que nuestra actitud hacia el café es ahora mucho más seria. También conocer a la gente que lo cultiva y ver todo lo que tienen que pasar nos llevó al extremo de no poder dejar de pensar en el origen del café.

-P.: ¿Qué querí­ais conseguir con Oro Negro?

-M. y N.F.: Querí­amos que Oro Negro hiciera que, los consumidores de Occidente, nos preguntáramos por nuestro estilo de vida como consumidores y por la interacción con el resto del mundo y recordar, por tanto, de manera urgente a la gente que con sólo una taza de café entramos en contacto con el sustento de millones de personas de todo el mundo que luchan por sobrevivir. También querí­amos que la pelí­cula ayudara a cambiar el retrato estereotipado que tenemos de África, a menudo representada en los medios de comunicación de Occidente con un conjunto de imágenes sacadas de contexto sobre la pobreza y la falta de ayuda. Además querí­amos ir más allá del mensaje simplista de mal tiempo + gente muriendo de hambre + dar dinero = problema resuelto, y destacar historias más positivas, destacar que la mejor solución para el problema de África está en África. Y ésta es la razón por la que la pelí­cula está centrada en Tadese Meskela, un ejemplo de alguien que no espera ninguna ayuda exterior, sino que verdaderamente está haciendo algo para cambiar la situación. Por último, querí­amos mostrar al público que el sistema actual de comercio internacional está esclavizando a millones de personas y está necesitado de una reforma radical.

-P.: ¿Cómo conocisteis a Tadesse Meskela y por qué elegisteis su cooperativa para la pelí­cula?

-M. y N.F.: Mientras nos estábamos documentando leí­mos algo de Tadesse y en nuestro primer viaje a Addis Abeba en 2003 pudimos hacerle una larga entrevista sobre el café y su industria. Cuando acabamos la entrevista dijo que se iba a Europa, a EEUU y a Japón para reunirse con diferentes compradores e intentar vender el café de su gente directamente. Era tan apasionado y tan carismático que inmediatamente nos dimos cuenta que habí­a que seguirle en su viaje. Así­ que en los dos años siguientes le seguimos con una cámara por Seattle, Londres y de nuevo Etiopia. Al centrarnos en la figura de Tadese pensamos que podí­amos actuar como una especie de guí­a para este complicado mundo del comercio internacional y que él podí­a también ayudar a crear el enlace directo entre los consumidores y los productores.

-P.: ¿Qué significa el tí­tulo Oro Negro?

-M. y N.F.: Sus significados pueden ser muchos pero para nosotros es una metáfora de los ricos recursos naturales que tiene África.

-P.: ¿Por qué os centrasteis tanto en la fotografí­a?

-M. y N.F.: Querí­amos crear una experiencia cinematográfica, así­ que centrarse en la fotografí­a era una parte vital del proceso. Querí­amos que las imágenes fueran lo suficientemente potentes para que el público disfrutara compartiendo este viaje de un continente a otro y de un extremo al otro. También Etiopí­a, en los últimos 20 años, ha aparecido en los medios de comunicación como un paí­s totalmente desertizado, así­ que uno de nuestros objetivos era mostrar que Etiopí­a está llena de grandes paisajes verdes. Era muy importante para nosotros mostrar la belleza de este paí­s a través de nuestra cámara.

-P.: ¿Cómo fue rodar en tantas localizaciones diferentes?

-M. y N.F.: Agotador. Habí­a muchas variables y todo era impredecible. Aunque también tengo que decir que nos ayudó a sentir la historia que estábamos intentando contar. Lo mismo estábamos en la Bolsa de Nueva York, por donde pasan miles de millones de dólares, que estábamos en los campos de café de Etiopí­a donde la gente lucha a diario por sobrevivir. Esta yuxtaposición es la que destaca en toda la pelí­cula.

-P.: ¿Por qué no se entrevista a ninguna multinacional en la pelí­cula?

-M. y N.F.: Nos hubiera gustado pero todas declinaron nuestra invitación lo que podrí­amos decir que habla a gritos sobre la transparencia de esta industria. En el caso de Starbucks, estuvimos más de seis meses intentando conseguir una entrevista pero rechazaron todas nuestras peticiones e incluso hicieron campaña contra la pelí­cula cuando se estrenó.

-P.: ¿Cuáles fueron los retos y los obstáculos al hacer la pelí­cula?

-M. y N.F.: Uno de nuestros grandes retos fue arrancar. Tení­amos que utilizar todos nuestros recursos para poder empezar el proyecto porque habí­a que capturar lo que estaba ocurriendo en las zonas cafeteras de Etiopí­a y no podí­amos esperar a que nos aprobaran todas las solicitudes que nos darí­an luz verde en el proyecto. Otro de los retos era coordinar los horarios con nuestro protagonista en Etiopí­a, Tadesse Mekela. ¡Era muy difí­cil!. Pero superamos todas las dificultades trabajando con un equipo comprometido que creí­a en el proyecto. Sin su pasión y sin su dedicación no hubiéramos podido terminar la pelí­cula.

-P.: Oro Negro destaca el abismo existente entre los ganadores y los perdedores de la industria del café pero no da ninguna solución, ¿por qué?

-M. y N.F.: Nuestro principal objetivo era hacer una pelí­cula comprometida, que pudiera atraer al mayor número de espectadores posible. Imponer soluciones hubiera chocado con la forma en la que querí­amos construir nuestra historia sobre todo porque querí­amos que  Oro Negro animara a la gente a encontrar sus propias soluciones.

-P.: ¿Puedes explicarnos por qué incluiste la escena de la Organización Mundial del Comercio (WTO)? ¿Qué tiene que ver la WTO con el café?

-M. y N.F.: No podí­amos hacer Oro Negro dejando de lado el marco que supone el comercio internacional y cómo éste afecta a millones de campesinos de todo el mundo. La Organización Mundial del Comercio es la única organización reguladora del comercio entre los diferentes paí­ses. Consta de 150 miembros y en 2001 determinaron lo siguiente: Nos comprometemos a abordar el problema de la marginalización de los paí­ses menos desarrollados dentro del marco del comercio internacional y a mejorar su participación efectiva dentro del sistema de comercio multilateral. Uno de los objetivos principales de esta organización son los subsidios. Los paí­ses ricos pagan a sus campesinos 300 billones de dólares en subsidios cada año haciendo imposible que los paí­ses menos desarrollados puedan competir en este mercado mundial. Se supone que esto se iba a intentar arreglar en las reuniones llevadas a cabo en Cancún en el año 2003, justo cuando nosotros estábamos allí­ rodando. Los paí­ses en ví­as de desarrollo acusaron a Estados Unidos y a la Unión Europea de no cumplir sus compromisos y por tanto rompieron las negociaciones. Mientras que los subsidios en la Unión Europea y en Estados Unidos no afectan al precio del café (ya que en esos paí­ses no se cultiva), sí­ que limita las opciones de los campesinos que quieren diversificar en otras cosechas. Por ejemplo, si fuera posible para un campesino etí­ope que cultiva café, cultivar también algodón, no podrí­an competir con los subsidios del algodón de la Unión Europea y los Estados Unidos. En el caso de Mali, por ejemplo, es más barato comprar algodón de Estados Unidos que algodón local. Como consecuencia de todo esto, miles de campesinos del algodón están arruinados. Sin embargo, las reglas del comercio impactan en los paí­ses productores de café mediante altas barreras tarifarias que los paí­ses ricos piden por los productos terminados que vienen de los paí­ses más pobres del mundo. Esto hace que sea virtualmente imposible para los productores de café exportar un paquete de café a Estados Unidos o a la Unión Europea porque serí­a muy caro para los consumidores. Así­ que los paí­ses productores continúan exportando los granos crudos para evitar que suba su valor en la cadena.

-P.: ¿Crees que Oro Negro puede acabar con la explotación de la industria del café?

-M. y N.F.: No creemos que una pelí­cula pueda cambiar o acabar con el problema pero Oro Negro puede cambiar la forma de pensar de la gente ya que, tal y como dice Tadesse en la pelí­cula, Concienciarse es el primer paso para cambiar. Para nosotros esto es algo muy importante en la pelí­cula.

-P.: ¿Cómo cambió tu visión de la pelí­cula durante el proceso de producción?

-M. y N.F.: La pelí­cula evolucionaba constantemente. El principal reto era trabajar para crear una historia comprometida y después de 18 meses de producción tení­amos una versión que proyectamos a unas 100 personas para poder obtener algún tipo de feedback. Cuando la vieron y vimos su reacción nos dimos cuenta que quedaba mucho trabajo por hacer así­ que pasamos otro año en producción desarrollando una historia con gancho.

-P.: ¿Cuánto tiempo tardasteis en hacer Oro Negro?

-M. y N.F.: Nos llevó dos años y medio hasta que la estrenamos mundialmente en Sundance. Y desde entonces hemos estado otros dos años promocionando la pelí­cula por todo el mundo.

-P.: ¿Cómo reaccionó el público a la pelí­cula?

-M. y N.F.: Estamos alucinados por la respuesta internacional que ha tenido. El público ha reaccionado de maneras muy diferentes. Cuando estrenamos la pelí­cula en el Festival de Sundance ya sentí­amos que la pelí­cula iba a dar de que hablar. La primera persona que nos preguntó en la rueda de prensa nos firmó un cheque de 10.000 dólares  para terminar de construir una escuela que aparecí­a en una escena de la pelí­cula. También oí­mos que alguien habí­a retirado 10.000 dólares de una compañí­a cafetera en protesta por sentir que se les habí­a estado engañando. La gente quiere salir del cine y hacer algo al respecto, bien sea convertirse en un consumidor más consciente y preguntar a las empresas por sus polí­ticas de precios o de comercio, o bien uniéndose a organizaciones que luchan por un comercio equitativo. Otros han cambiado sus hábitos de consumo o su forma de relacionarse con el mundo en el que viven. También ha cambiado la percepción de la gente sobre Etiopí­a y sobre África en general. En Oro Negro se ve una Etiopí­a rica en café y en paisajes verdes y no un paí­s desértico. Se muestra un paí­s rico en recursos, con gente esforzándose por cambiar, una imagen que raramente aparece en los medios de comunicación.

-P.: Ha habido gente que ha dejado de tomar café, ¿qué opinas de esta reacción?

-M. y N.F.: Si la gente dejara de tomar café habrí­a un gran desastre económico. Millones de personas perderí­an sus trabajos. Hay 25 millones de campesinos dedicados al café y millones de personas más involucradas en importar, exportar, tostar y hacer un buen trabajo para servir una agradable taza de café. La solución para los campesinos es recibir un poco más de los billones de dólares que se generan con el café. Esto sólo ocurrirá cuando obtengan algo más de 3 céntimos por una taza de 3 dólares, que a su vez llegará cuando las compañí­as etí­opes puedan competir en el mercado mundial. Pero todo esto requiere un cambio en la manera en que el comercio internacional está establecido. Mientras tanto, los consumidores de café pueden ayudar a cambiar la situación pidiendo a las compañí­as que adopten prácticas de negocio más éticas y campañas de comercio justo.

-P.: ¿Cuál ha sido la respuesta de las grandes empresas?

-M. y N.F.: Hemos tenido representantes de las grandes multinacionales cafeteras en nuestras proyecciones por todo el mundo. Hemos debatido los temas que surgen en en directo en la televisión con algunas de ellas y aún continuamos intentando convencer a otras de la manera que tienen de trabajar y de su repercusión en los campesinos que cultivan el café. Desde que se estrenó la pelí­cula, Starbucks y Nestle han visitado Etiopí­a y están comprando más café a Tadesse (aunque no sabemos a que precio). Muchas otras compañí­as han empezado a comprar café también a Tadesse y en general el interés por el café africano está creciendo.

-P.: ¿Es verdad que Starbucks ha desprestigiado la pelí­cula desde su estreno?

-M. y N.F.: Sí­, desde que estrenamos en Sundance se han presentado a todas nuestras proyecciones y han hablado con los medios de comunicación allí­ presentes para asegurarse que nadie se siente mal por el hecho de tomarse un café en Starbucks. Cuando se iba a estrenar en Seattle, Starbucks reunió a cinco productoras de café africanas, incluyendo a Tadesse, y organizó una rueda de prensa en su sede central en la que Tadesse pudo ser fotografiado dando un sorbo a uno de sus cafés. Esta foto se hizo publica indicando: Tadesse Meskela en Starbucks celebrando el dí­a de África. Y cuando se iba a estrenar en Londres, un empleado de la cadena colgó en nuestro foro una información recibida de la central de su empresa que informaba de que la pelí­cula era incompleta e imprecisa. Estábamos muy sorprendidos por la reacción de Starbucks porque Oro Negro ni es una pelí­cula sobre ellos, ni es una pelí­cula contra ellos.

-P.: ¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno y de las organizaciones internacionales?

-M. y N.F.: Su reacción también nos ha sorprendido mucho. Los embajadores de Etiopí­a en Washington, Londres y Berlí­n vinieron a las premieres y promocionaron la pelí­cula para que todo el mundo fuera a verla. La Unión Europea, el Banco Mundial y la Cámara de los Comunes organizaron una proyección especial mientras que las organizaciones internacionales de todo el mundo la usan como una herramienta para sus campañas de comunicación del mensaje.

-P.: ¿Ha tenido éxito Tadesse con su Unión Cooperativa?

-M. y N.F.: Desde su creación en el año 1999, se han construido cuatro nuevas escuelas, diecisiete aulas adicionales, cuatro centros de salud, dos estaciones de suministro de agua potable y además se ha conseguido devolver a los campesinos 2 millones de dólares en dividendos.

-P.: ¿Cuál ha sido el impacto de la pelí­cula en Tadesse?

-M. y N.F.: Tadesse ha dado la vuelta al mundo con Oro Negro desde su estreno, no solo promocionando el comercio justo sino también el café de Etiopí­a. Cada vez tiene más pedidos de multinacionales y de pequeñas empresas de todo el mundo y su unión cooperativa es dí­a a dí­a más fuerte. La escuela que aparece en Oro Negro ha sido construida con donaciones de los espectadores y se sigue utilizando la pelí­cula como medio de promocionar y concienciar a la gente de la situación de los campesinos etí­opes. Tadesse sigue luchando por conseguir un mejor precio para su café, un precio que haga que los campesinos puedan mandar a sus hijos a la escuela, que tengan agua potable, etc

-P.: ¿Han visto los campesinos la pelí­cula? ¿Como han reaccionado?

-M. y N.F.: Oro Negro se proyectó en una de las zonas que aparece en la pelí­cula. Era la primera vez que los campesinos veí­an sus propias vidas en el contexto de la industria global del café y les sorprendió mucho. También se ha visto en otros paí­ses africanos como Uganda, Kenia y Sudáfrica y en otros paí­ses productores de café como México o Brasil. Queremos seguir enseñando la pelí­cula en África y en otros paí­ses productores ya que así­ concienciamos a todo el mundo para que la situación empiece a cambiar y consigamos un comercio justo.

-P.: ¿Ha cambiado algo la crisis del café desde el estreno de Oro Negro?

-M. y N.F.: La respuesta puede cambiar dependiendo del momento en que me hagas la pregunta. El mercado fluctúa todo el tiempo y ese es el problema. Es tan impredecible que los campesinos no pueden hacer planes a largo plazo. No hace mucho tiempo Etiopí­a se vio inmersa en otra crisis y tuvieron que pedir ayuda para poder hacer frente a la emergencia. Nosotros nos preguntamos, ¿cómo es posible que un paí­s que produce una mercancí­a tan valiosa como es el café esté inmerso en este tipo de crisis? Ten en cuenta que el café se bebe a diario y ellos producen el mejor café del mundo. Si África recibiera un 1% más del comercio internacional, generarí­a cinco veces la cantidad que ellos reciben en ayudas. Y entonces la pregunta que nos hacemos es: ¿por qué no hay una visión más considerada de todo esto?

-P.: ¿Por qué ha caí­do tanto el precio del café y por qué los campesinos reciben tan poco?

-M. y N.F.: Los precios bajos del café se deben a dos factores:
Primero. Desde 1962 se controlaba el suministro de café en el comercio internacional mediante los Acuerdos Internacionales que englobaban tanto a los paí­ses importadores como a los exportadores. Estos primeros acuerdos ayudaban a fortalecer la economí­a de paí­ses productores en África y Latinoamérica mediante un sistema de cuotas pagado por Estados Unidos que impedí­a que el comunismo desestabilizara la economí­a de los paí­ses más pobres. Pero en 1989, Estados Unidos se retiró de estos Acuerdos Internacionales y los precios del café cayeron en picado.
En segundo lugar, se fomenta la producción y la exportación de café como forma de que los paí­ses en ví­as ganen en el intercambio en el extranjero. En Vietnam, la producción del café más barato se triplicó de 1994 a 2000 haciendo de este paí­s el segundo productor de café más grande del mundo. Brasil dobló su producción de granos Arabica en el mismo periodo de tiempo compitiendo en el mercado con los cafés de peor calidad y afectando a los precios del mercado internacional. Los paí­ses menos desarrollados se encuentran atrapados por la falta de inversiones y el control del mercado. Quedan como meros productores de mercancí­as crudas o como meros exportadores de granos verdes y es imposible para ellos competir con el café de las grandes compañí­as en el mercado. Si estos paí­ses pudieran obtener más beneficios del café en sí­, más dinero del empaquetado final llegarí­a de nuevo a la economí­a del paí­s productor. Cuando estos paí­ses puedan tener sus propios Nestles o Starbucks habrá más posibilidades de un sistema de comercio más equitativo.
-P.: ¿Crees que el comercio justo es lo suficientemente justo? ¿Es esta la solución definitiva para los problemas de los campesinos?

-M. y N.F.: Es una buena pregunta. El comercio justo es una buena primera respuesta para esta grotesca disparidad de ingresos en la cadena de valores del café ya que busca mitigar los peores efectos de la fluctuación y de la caí­da de los precios del café para así­ garantizar un precio mí­nimo para el productor de café. Hacer un esfuerzo para comprar café de manera justa es un paso importante a la hora de dirigirse a los consumidores cada vez que tienen entre sus manos una taza. Además es un sistema transparente que tiene grandes beneficios para los campesinos que venden su café bajo la etiqueta de comercio justo. Ha sido también un punto importante para introducir al público la idea de comercio con necesidades de que sea justo. Pero por otro lado, hay gente que piensa que el precio del comercio justo sigue siendo demasiado bajo, haciendo que muchas empresas paguen un precio mí­nimo que sigue sin ser suficiente para los productores. Otro tema es que el comercio justo no beneficia a todos los trabajadores de la industria del café. Además existe una preocupación cada vez mayor por la idea de que las grandes multinacionales han secuestrado el movimiento por el comercio justo. Se han ganado la etiqueta de comercio justo por una pequeña parte de su actividad total, lo cual les está proporcionando una fama que no les corresponde ya que con el resto de su actividad siguen utilizando medios de comercio poco éticos. La idea de comercio justo consiste en que las empresas se acojan a esta idea en el 100% de su estructura corporativa. Finalmente, también hay que decir que, mientras que el comercio justo acaba con los intermediarios entre el campesino y el consumidor y proporciona un precio estable a los que lo cultivan, no hace nada con respecto al poder de los empresas que lo comercializan.

-P.: ¿Crees que el comercio justo dejará de ser una alternativa y pasará a ser lo habitual?

-M. y N.F.: Creo que sí­. Espero que llegue el dí­a en que no haya más que comercio justo aunque deberí­a ser mucho más justo de lo que es hoy en dí­a.

-P.: ¿Llegarí­as tan lejos que incluso dirí­as que la ayuda es una pérdida de tiempo?

-M. y N.F.: Todo depende del tipo de ayuda. Si ayudamos a una comunidad de campesinos a invertir para construir una infraestructura que pueda desarrollar sus propios sistemas, entonces definitivamente es una gran ayuda. Pero muy a menudo las ayudas sólo llegan para aliviar una emergencia. África ha recibido millones de dólares en ayuda y es más pobre hoy en dí­a que hace 20 años ya que el continente sigue siendo saqueado por Occidente.

-P.: ¿Es el comercio injusto un tema de Derechos Humanos?

-M. y N.F.: El comercio injusto está muy relacionado con el abuso de los derechos humanos. Para nosotros, los derechos humanos consisten en determinar si la gente puede beber agua, si pueden ir a la escuela. En estos momentos estamos viendo cómo la economí­a global está arruinando a millones de personas de tal manera que no tienen ni siquiera acceso a las necesidades más básicas en la vida.

-P.: ¿Por qué crees que África sigue siendo pobre?

-M. y N.F.: Hay muchas razones para explicar por qué esta situación continúa en África: deudas, gobiernos corruptos, reglas de comercio injusto, etc. De hecho Oro Negro se centra en el comercio equitativo porque creemos que es la clave para desbloquear el ciclo de pobreza que hay en África. Este continente tiene muchos recursos naturales como petróleo, cobre, algodón, café o diamantes por lo que podrí­a ser uno de los continentes más ricos del planeta. Pero no lo es. Por ejemplo en Mali es mucho más barato comprar algodón importado que algodón local y esta situación tan absurda está acabando con las oportunidades de los productores locales.

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