Michelle Monaghan: “El público no será capaz de ver la tecnología con los mismos ojos después de ver La Conspiración del Pánico”
8 Octubre 2008 · Imprimir éste artículo
Michelle Monaghan se dio a conocer al gran público hace dos años cuando coprotagonizó al lado de Tom Cruise y Philip Seymour Hoffman la tercera entrega de Misión Imposible. El año pasado se confirmó como algo más que una flor de un día al participar en Adiós Pequeña Adiós, el debut de Ben Affleck como director que se convirtió en uno de los films revelación. Sin embargo, la consolidación le ha llegado en este 2008, al protagonizar dos cintas tan taquilleras como La Boda de mi Novia y La Conspiración del Pánico, que se estrena este viernes en toda España. A continuación os ofrecemos una entrevista con Michelle Monaghan realizada por Scott Ordin y que nos ha proporcionado Paramount Pictures España.
-Scott Ordin: Cómo actriz, ¿qué busca en un guión al recibirlo?
-Michelle Monaghan: Para mí, fue sin duda la naturaleza dinámica de este guión. Casi nunca leo un guión del tirón, pero éste no pude dejarlo. Me pareció una buena señal, porque si las palabras me atrapan de esa manera, sabiendo además quién hay detrás en cuanto a director y actores, entonces es que no hay ni que pensarlo.
-S.O.: ¿Se interesa por su personaje y por su aportación a la historia?
-M.M.: Ambas cosas. Siempre releo el papel que me ofrecen y busco la forma de conectar con él. También me ocupo en imaginar la manera en que ese personaje incidirá en el conjunto de la historia. A mí me encantó la idea de interpretar a una madre soltera. Nunca antes había interpretado ese personaje. Se trata de una mujer muy trabajadora y que no ha tenido una vida fácil. Es una luchadora, igual que otras madres solteras. Se quedó embarazada muy joven, y ha luchado para sacar el máximo partido a su vida. Ha tenido que hacer también el papel de padre, y lo ha hecho todo prácticamente sola.
-S.O.: También tiene que enfrentarse a la peor pesadilla que pueda tener un padre, como es la desaparición de su hijo.
-M.M.: Exactamente. Ésa es la peor pesadilla para un padre, así que, si a uno le ponen en esa situación, ¿hasta dónde llegaría para salvar la vida de su hijo?
-S.O.: Al público se le pide que se embarque en un viaje del que aparentemente no hay pistas sobre adónde conduce. ¿Qué hace que esa perspectiva sea tan interesante?
-M.M.: Como muy bien has dicho, nosotros vamos a la par con el público, y nuestros personajes tienen que adivinar las cosas a medida que van sucediendo. No sabemos más que el público, y eso por supuesto que le añade un toque visceral para cualquiera que vaya a ver la película. Es muy emocionante intentar resolver el rompecabezas, y estar solo en el proceso.
-S.O.: ¿Cuántas huellas de Steven Spielberg encontró en el guión o en el plató?
-M.M.: Era una idea suya, y en realidad la concibió ya en la época de Encuentros en la Tercera Fase, y la tenía desde entonces. Resulta muy oportuna hoy en día, y es muy impresionante que alguien tuviera la idea hace veinte años. Estaba allí, en el plató, y era muy emocionante ver a alguien a quien tanto respetas y admiras trabajando con tu director. Se veía que era importante para él.
-S.O.: Ha dicho usted cuánto la impresionó que Steven Spielberg previera hace veinte años lo del Gran Hermano vigilándonos y cómo la tecnología controla todos los aspectos de nuestras vidas. Todo lo que hacemos o decimos puede ser monitorizado.
-M.M.: Es completamente cierto. Por eso Shia y yo estábamos tan fascinados. Creo que desde entonces no hemos vuelto a ver la tecnología con los mismos ojos. Como hemos descubierto, el Gran Hermano puede estar vigilándonos estrechamente todo el día, ya sea cuando sacamos dinero del cajero automático o cuando hacemos cualquier recado. Uno es filmado cientos de veces al día por distintas video cámaras de las que no somos conscientes.
-S.O.: ¿Le sorprendió lo vigilados que estamos?
-M.M.: Vivo en Nueva York, así que soy consciente de que hay cámaras por toda la ciudad para captar sucesos violentos e imprevistos. Pero me he enterado de que ciertos ordenadores de coche pueden activarse y saber dónde estás en cada momento, lo quieras o no. El Prius lleva ese chip, y graba la ruta que recorres, y leyendo ese chip la gente puede enterarse de los sitios donde has estado. La gente te puede seguir o escucharte a través del móvil. Todo esto ha impregnado nuestras vidas y aunque pensemos que es una ventaja, puede apreciarse cómo lo pueden utilizar en nuestra contra.
-S.O.: La película parece explorar eso a fondo.
-M.M.: Creo que el mejor ejemplo es el teléfono. Shia recibe una llamada y no se sabe de quién, y de repente nos dan instrucciones para que nos reunamos en un coche. A partir de ahí, todo lo relacionado con la tecnología hace que nos sintamos confusos. Es la que dirige los semáforos y lleva el control de nuestras vidas.
-S.O.: Somos unos escépticos, y el mero hecho de recibir una llamada de teléfono ordenándonos hacer algo no garantiza que vayamos a cooperar. Pero si ves que alguien corre hacia ti con una pistola en la mano, es más probable que le hagas caso.
-M.M.: Así es. Literalmente todas las decisiones que tomamos son decisiones de vida o muerte en cuestión de segundos. No tenemos tiempo para intentar conseguir ayuda, ni siquiera para hablarlo entre nosotros. Los dos tenemos que tomar decisiones en cuestión de segundos, y eso es lo que hace que la gente se ponga tensa en su butaca, porque los dos tenemos que seguir y seguir continuamente para adelante.
-S.O.:¿Conocía usted a Shia antes de esta película?
-M.M.: Le conocí un poco en una película llamada Constantine, pero sólo tuvimos una conversación. Fue muy emocionante verle de nuevo.
-S.O.: ¿Resulta una ventaja trabajar con un actor a quien realmente no se conoce para interpretar a dos personas que realmente no se conocen?
-M.M.: Si que ayudó bastante. Lo estupendo de Shia es que, desde el momento en que nos conocimos, ambos quisimos que esta película fuera algo grande, así que nos pusimos a trabajar con muchísima energía. Sabíamos que estábamos preparados para conseguirlo, e intentamos ser nuestros propios dobles en todas las escenas en las que nos lo permitieron. No sabíamos mucho el uno del otro, pero esta película duró mucho tiempo, y como la película se mueve al compás de la vida real, llegamos a conocernos realmente bien.
-S.O.: ¿Qué le impresionó más de su compañero?
-M.M.: Se trata de un muchacho de 21 ó 22 años y es un actor sorprendente. Ni me imagino lo que puede llegar a ser dentro de 10 años. Es bueno hasta en los ensayos. Es entregado y concienzudo con su trabajo, que es muy importante para él. Se esfuerza para asegurarse de que el director obtiene lo que quiere. Tiene una cierta cualidad infantil, pero está creciendo y convirtiéndose en un joven con mucho talento.
-S.O.: La primera vez que los dos tenéis una conversación de verdad en la película es a bordo de una barcaza de basura. Es una metáfora interesante, pues parece como si a los dos os tiraran también a la basura. ¿Cómo os ayudaban este tipo de complementos en vuestro trabajo como actores?
-M.M.: Teníamos un fantástico director de producción. Construyó una réplica exacta de la capital de Estados Unidos en un estudio de sonido, y era increíble. Como actriz, aunque me peinen, me maquillen y me vistan, el hecho de que me sitúen en un entorno lo más real y sincero posible sólo puede reforzar mi actuación. Ir a Chicago, y hacer de verdad todas esas persecuciones de coches e ir al vertedero en su emplazamiento real, fue en verdad increíble. Rodábamos de noche en el vertedero de chatarra, y resultaba realmente lóbrego. Representaba lo que le estaba pasando a esos personajes. Era una pura chatarra retorcida, y eso casi representaba lo que eran en ese momento. Estábamos en medio de todo eso y no sabíamos cómo íbamos a salir de allí, y después terminamos en un vertedero de basuras, que irónicamente era como nos sentíamos (risas). Es muy importante contar con esos platós y ese entorno.
-S.O.: Al ser una película de acción, ¿qué se esperaba de usted a nivel físico?
-M.M.: Nunca he corrido tanto en mi vida. Lo que más hacíamos en esta película era correr, porque está claro que corremos mucho. Shia corre en todas sus películas, pero Shia no tiene que correr con tacones, así que Shia es un poco más rápido que yo. Me costaba mucho intentar mantener su ritmo.
-S.O.: ¿Intentó ponerse en forma antes de rodar la película?
-M.M.: No. No me di cuenta de cuánto había que correr. Era increíble. En realidad llegué a la película inmediatamente después de hacer otra, así que no tuve mucho tiempo para prepararme. Sí que disfruté con las escenas de acción. Teníamos que saltar desde el capó del coche mientras colgaba a gran altura. Llevábamos arneses, así que fue divertido. En las instalaciones de DHL en el aeropuerto, hay una gran escena en la que corremos por las cintas transportadoras de esa planta de empaquetado. Era básicamente como una especie de columpios para adultos. Estábamos literalmente sobre las cintas transportadoras y venga subir y bajar y de un lado a otro. Era un poco peligroso de verdad, y no me puedo creer todo lo que hicimos. Disfruto con la acción y forma parte de mi personalidad, así que fue divertido tener que explorar esa faceta. Agradezco que las películas me den esa oportunidad. Tenía una especialista fantástica que me doblaba en las escenas de acción que yo no podía hacer, pero fue muy divertido hacer las escenas que sí podía. Me hice los mismos cardenales y chichones que se habría hecho el personaje, y eso me gustó.
-S.O.: Ha hablado de la parte física, pero quisiera que me hablara de la emocional. Usted no es la típica damisela en apuros. Para esta mujer, ¿era muy importante contar con una gran dosis de dureza ante esa situación tan adversa?
-M.M.: Creo que esa mujer aprendió a ser fuerte desde que era muy pequeña. Fue madre soltera, y eso no es nada fácil. Tuvo una hernia como consecuencia, así que no quería que fuese una víctima. Vive unas circunstancias extremas, pero ninguna de esas circunstancias es tan extrema como la posibilidad de perder a su hijo. Para mí, lo emocional surgía de su miedo y de no querer que se aprovechen de ella. Ella trabaja mucho. No se fía mucho de los hombres por culpa de su ex marido y por tanto desconfía también del personaje de Shia. No sabe a quién echarle la culpa. Lo que resulta muy interesante es que estas dos personas desconfían mutuamente. Es algo muy combativo y estresante, y cuando los dos oímos la voz al mismo tiempo, de pronto hay más cosas en la película de lo que parecía. Aún así, nos lleva un tiempo confiar el uno en el otro. No conocemos los antecedentes del otro, así que hasta que no lleguemos a la barcaza y tengamos nuestra primera conversación de verdad, no entenderemos la manera en que tenemos que intentar enfrentarnos a lo que está sucediendo sin resultar heridos.
-S.O.: Es curioso que al público le guste que le pongan en esa tensa situación en un cine, pero no así en la vida real.
-M.M.: Creo que es porque uno lo puede sentir emocionalmente, y vivirlo y sentir la adrenalina sin tener que sufrir las consecuencias. Uno obtiene ese subidón de adrenalina a través de los personajes. Lo que de verdad me gusta de esas películas es que plantean preguntas como: “¿Hasta dónde llegarías tú en una situación así?” ¿Robarías un banco? ¿Dispararías con una pistola? ¿Pondrías en peligro la vida de otras personas para salvar la de los tuyos? Hay que enfrentarse a todas estas preguntas, y los personajes sólo tienen unos segundos para decidir. Qué harías tú, y el público también tiene que tomar sus decisiones.
-S.O.: La mayoría de los actores adora aparecer glamuroso en sus películas. Supongo que a usted le dijeron que apareciese lo más mugrienta posible.
-M.M.: Tengo que decir que tenía cuatro conjuntos que al principio me encantaban, pero después de cinco meses, lo único que quería era cambiarme de ropa (risas). Rompí un montón de veces los tacones de aguja de diez centímetros de mis botas. Tenía que pasarme por maquillaje para camuflar mis cardenales y mis cortes. Teníamos que llenarnos constantemente las manos de suciedad. Es un auténtico reto para la peluquería y el maquillaje, porque tenían que estar muy atentos a la continuidad, ya que todo cambiaba constantemente en cada escena. Es realmente asombroso lo que hicieron. En el transcurso del rodaje, ya no tenían que seguir haciéndonos aparecer tan magullados porque empezamos a mostrar nuestros auténticos cardenales y cortes (risas).
-S.O.: ¿Hay algún día que destacaría del resto en cuanto a tener que demostrar determinación?
-M.M.: En realidad hay varios. Un día realmente importante fue nuestro primer día en Chicago. Estábamos en medio de una finca en el campo a unos 100 kilómetros al sur de Chicago. Hacía mucho frío y estábamos debajo de todos esos tendidos eléctricos. La escena fue fantástica, y estuvo muy bien rodada. Teníamos muchísimo frío pero nos apoyábamos mucho el uno al otro. Era una escena con mucho diálogo, y nos ayudó a conectar. Nos dimos cuenta de que, si lográbamos superar ese día, podríamos enfrentarnos al resto de la película.
-S.O.: La película tampoco tiene el típico tic de hacer que vuestros personajes se enamoren.
-M.M.: Gracias a Dios. Era algo muy importante para Shia y D. J., y para mí. Se habló de ello en algún momento, pero todos sabíamos que ese enfoque sería demasiado predecible. Esos dos aprenden mucho de sí mismos y del otro, pero creo que eso basta para satisfacer a un espectador sin que se besen en la boca. En mi caso, como consecuencia de lo que le pasa, ella es capaz de bajar la guardia y confiar. Creo que ella en realidad madura.
-S.O.: ¿Qué puede decirnos del director? ¿Qué le aportó D.J. como actriz que hiciera especial a esta película?
-M.M.: No tengo palabras para hablar de él. Siento un enorme respeto hacia él. Tiene mucha energía y le encanta dirigir. Entiende a los personajes y, a la vez que se ocupa de la acción, es consciente de que los actores tienen que entender a sus personajes y entender sus apuros. Era importante que el público se identificara emocionalmente con esos dos personajes, así que nos esforzamos mucho por conservar eso. Tiene una manera de dirigir tan sutil, sencilla y tranquila, que funciona de verdad. Para mí que, como él tiene hijos, la idea de que algo así le pasara a él hizo que la situación se volviera algo personal, y le permitiera canalizar esa emoción.
-S.O.: ¿Qué cree que se va a llevar el público al salir del cine?
-M.M.: Creo que ya no van a ser capaces de ver la tecnología con los mismos ojos. Se les acelerará el pulso, y creo que de algún modo les proporcionará cierta perspicacia. Algunas de las cosas que se ven en la película son verdad, y ojalá que la gente tome nota y comprenda lo que es realmente la tecnología, y lo que puede llegar a hacer.
-S.O.: Antes mencionó el pulso acelerado al hablar de la acción. ¿Sienten los actores esa aceleración cuando están rodando en el plató?
-M.M.: ¡Oh, sí! Lo bueno es que nos perseguían y corríamos y disparábamos de verdad. Saltamos desde una altura de 7 metros en caída libre con arnés, así que como actor sientes también eso.
-S.O.: ¿Eso es miedo o emoción?
-M.M.: Si fuera miedo, no lo haría. Era emoción. Fue fantástico que Shia estuviese a mi lado pese a todo, y eso me ayudó. Hubiera sido más difícil de hacer si no estuviéramos realizando la acción de verdad, pero como sí lo hacíamos, nos poníamos perfectamente en situación.
-S.O.: Cuéntenos algún momento en que se sintiera completamente metida en la acción.
-M.M.: Sería en la persecución de coches. Porsche tuvo la amabilidad de prestarnos uno de sus Cayenne TurboS. Era como NUESTRA segunda casa, por así decir. Yo me puse al volante, y cuando aquella voz nos dijo que nos pusiéramos en marcha, hicimos una persecución de 12 minutos por las calles de Chicago. Los semáforos se ponían en verde para nosotros y sorteábamos accidentes y éramos capaces de evitar cualquier problema, porque la tecnología se ocupaba de que escapásemos de nuestros perseguidores.
-S.O.: ¿Recibió clases de conducir para prepararse?
-M.M.: No. Pero iba a mucha velocidad la primera vez que nos metimos en el coche. Shia estaba un poco alarmado. Yo me sentía muy segura, y fue muy divertido conducir tan rápido. Hubo algunas escenas de acción en las que nuestros dobles tuvieron que hacer de conductor. Y entonces terminamos en un vertedero de chatarra, en donde una grúa nos coge y nos levanta en el aire más de 15 metros. Lo hicimos en parte contra una pantalla verde, y luego saltamos desde el parabrisas del coche.
-S.O.: ¿Qué pasaba por su cabeza?
-M.M.: Te das cuenta de que es una pequeña locura, pero confías en el equipo. A medida que vas subiendo cada vez más alto, empiezas a preguntarte, ¿qué demonios hago yo aquí? Pero una vez que lo has hecho, se convierte en un subidón increíble. En los primeros quince minutos de la película, se empieza a correr y ya no se para.
Imagen cortesía de Paramount Pictures España






Comentarios
Algo que decir?