Aritmética Emocional

6 Junio 2008 · Imprimir éste artículo

Aritmética EmocionalAyer estuvo en Madrid Susan Sarandon para presentar el premiado drama canadiense Aritmética Emocional, que se estrena hoy en los cines de toda España. El film dirigido por Paolo Barzman, adaptación de una novela de Matt Cohen, es una historia intimista que trata sobre la pérdida, la memoria y el dolor, el dolor enquistado durante años y que parece no tener cura. Pero también habla de la redención, la reconciliación y la cicatrización de las heridas. Una de las principales baza de la película es su portentoso cuarteto protagonista: Susan Sarandon, Christopher Plummer, Gabriel Byrne y Max Von Sydow.

En 1945, Jakob Bronski (Max Von Sydow), un joven disidente encarcelado en Drancy, decide proteger a dos niños, Melanie y Christopher. Cuarenta años después, Melanie (Susan Sarandon) descubre que Jacob sigue vivo. Siempre había creído que después de ser trasladado a Auschwitz había muerto. Le invita a vivir en la granja familiar, en Canadá. Pero Jakob no llega solo, trae a Christopher (Gabrel Byrne). Melanie y Christopher deberán reconocer el poderoso vínculo que existe entre los dos. El pasado explota en el presente en una tierna e inesperada historia de amor que cambiará sus vidas y la de los seres que les rodean. Aritmética Emocional es una historia desgarradora que plantea preguntas difíciles. ¿Hay heridas que nunca se cierran? ¿Hasta qué punto entendemos a otra persona, incluso a nuestro compañero sentimental? ¿Comprendemos las relaciones que han nacido del sufrimiento y del horror que no hemos conocido?

Susan Sarandon, Gabriel Byrne y Max von Sydow

Sobre la Producción

El recorrido que ha hecho Aritmética Emocional desde la novela a la película empezó a mediados de los años noventa cuando la productora Anna Stratton, de Triptych Media, tuvo la ocasión de conocer y trabajar con el lamentado Matt Cohen en el guión que escribió basado en su propia novela. Después del fallecimiento del autor en 1999, la productora compró los derechos cinematográficos para que la novela pudiera seguir su viaje hacia la gran pantalla. Anna Stratton se había dado cuenta del potencial que ofrecía el personaje central de Melanie, una mujer complicada, enigmática y atractiva, los fuertes personajes masculinos que la rodeaban y la posibilidad dramática que ofrecía la reunión. Más aún, la historia exploraba desde una perspectiva innovadora la forma en que nos enfrentamos a los recuerdos.

Matt Cohen sentía mucho cariño por Quebec y se había esforzado en mejorar la comunicación entre los escritores de Quebec y los del Canadá anglohablante. A pesar de que la novela transcurre en Ontario del Este, la productora se inclinó por los paisajes del Este de Quebec para la película. En 2000 se puso en contacto con Suzanne Girard y su colega, la lamentada Rebecca Yates, de BBR Productions de Montreal, para hablar de una coproducción. El proyecto les atrajo y no tardaron en unirse a Anna Stratton.

Cuando las productoras empezaron a buscar un realizador, Anna Stratton mandó el guión al cineasta Paolo Barzman. De acuerdo con la visión de la productora, empezó a escribir un primer guión para conseguir financiación y un reparto estelar.

Las productoras y el realizador redactaron una lista de actores “favoritos”. Cuál no fue su sorpresa cuando descubrieron que todos sin excepción estaban dispuestos a trabajar en la película, a pesar de su modesto presupuesto. En opinión de Paolo Barzman, fue un milagro que estrellas tan ocupadas como Susan Sarandon, Christopher Plummer, Gabriel Byrne, Max von Sydow y Roy Dupuis no solo estuvieran entusiasmadas con la idea, sino que estuvieran libres para rodar en otoño de 2006.

Los Planteamientos de Paolo Barzman

La novela fue una auténtica revelación para Paolo Barzman, que sintió una afinidad inmediata con los personajes. Pensó que el tema tenía un atractivo universal y que la historia merecía ser contada. ¿Deben las víctimas de una gran tragedia olvidar para seguir viviendo, o el olvido hace que traicionen a sus compañeros de sufrimiento? En opinión del realizador, la respuesta es muy clara: aunque los recuerdos y el pasado son partes esenciales de lo que somos, las víctimas deben intentar encontrar la felicidad a costa de los recuerdos si es necesario. Paolo Barzman pensó desde un principio que era importante enfocar este tema ya que todos nosotros tenemos algún recuerdo doloroso que intentamos enterrar a mayor o menor profundidad.

Estas reflexiones, que forman parte de la novela y del guión, fueron decisivas a la hora de plantearse el rodaje de la película. El director y los actores estaban de acuerdo en que la película sería mucho más dramática si algunas cosas no se decían y si algunas preguntas quedaban sin respuesta. Paolo Barzman y el montador Arthur Tarnowski se esforzaron en subrayar el ambiente de la película, sobre todo la distorsión temporal. Varias escenas están diseñadas para que parezca que los personajes no saben expresarse. “Ya sé que puede parece raro”, dice el cineasta, “pero insistí en que fuera así para crear una especie de segundo idioma más allá de las palabras. Hay una comunicación silenciosa a través de las miradas, de largos y deliberados silencios”.

La Producción

El rodaje duró 26 días en exteriores cerca del pueblo de Magog en los condados del Este de Quebec situados en el margen derecho del río Saint Lawrence, al Sur de Montreal, exactamente al Norte de la frontera con el estado de Vermont en Estados Unidos. Las escenas de Drancy se rodaron durante dos días en estudio. El rodaje empezó a finales de septiembre y acabó a principios de noviembre. La posproducción tuvo lugar en Toronto.

Ron Dupuis y Christopher Plummer

Notas de Paolo Barzman

Drancy era un campo de “tránsito” en una pequeña ciudad del mismo nombre situada en una importante encrucijada ferroviaria a las afueras de París en dirección norte. Durante la ocupación alemana, la policía francesa cooperó con la Gestapo deteniendo a judíos, intelectuales, disidentes y otras personas consideradas como una amenaza. Al principio, las personas internadas en Drancy creían que serían mandadas a campos de trabajo. En realidad, Drancy era la antesala de Auschwitz. Se estima que unas cien mil personas pasaron por Drancy y que la mayoría no sobrevivió. Milagrosamente, Jakob, Melanie y Christopher están entre los pocos que lo consiguieron. Aritmética Emocional cuenta su inesperada reunión 40 años después del final de la guerra. Para los que sobrevivieron a las horas más oscuras de la historia, la pregunta es: ¿Cómo se vive después de una experiencia tan traumática, después de enterarse de los horrores por los que pasaron los que murieron? Aritmética Emocional quiere empezar a partir de ese caótico territorio donde coexisten muchas contradicciones: culpabilidad, pasión, depresión, entusiasmo…

¿Cómo afecta la memoria a nuestra capacidad de ser felices? ¿Recordar demasiado es un obstáculo para llevar una vida equilibrada? ¿Desdibuja la memoria nuestra comprensión del presente, paraliza nuestros sentimientos, pone en peligro el potencial de amar e inmoviliza a futuras generaciones? ¿Es necesario olvidar para reinventarse una existencia, para reconquistar la inocencia? Los recuerdos son el tema central de la novela de Matt Cohen. Plantea una pregunta provocativa: ¿Debemos aceptar los recuerdos ciegamente?

En este nuevo siglo en el que recuperar la memoria se ha convertido casi en una mercancía, la pregunta es más que valida. Recordemos, sí, pero, ¿qué debemos recordar y cómo? ¿Cuál es el precio emocional de la memoria? ¿Recordar es una actividad objetiva, alejada de las fuerzas contradictorias y paradójicas que habitan en cada ser humano? Estas preguntas son el motor de la película. Se han escogido varios métodos para evocar los recuerdos y el pasado: el flashback, la proyección de Jakob de “los niños en el pajar”, el “cuaderno” de Melanie, que le ofrece a Jakob como metáfora.

La película no aporta respuestas claras simplemente porque no las hay. Pero dentro de la exploración, del viaje, del baile entre el pasado y el presente, y de la imaginación, se vislumbrarán fugaces momentos de autenticidad y, a veces, de amor. Al fin y al cabo solo se pueden superar las dificultades de la vida si uno mira su vida con honradez; la honradez como acción, como proceso, y no como valor rígido estratificado. A esta película solo le corresponde una reflexión, y es la siguiente: Sean cuales sean las tragedias pasadas, y quizá por ellas, nadie debe escapar del proceso de la honradez.

Cuando conocemos a los personajes, se encuentran sumergidos en una crisis porque se ven arrinconados por la cuestión de la honradez, voluntaria o involuntariamente. Han alcanzado ese momento crucial en el que las mentiras, los defectos, las esperanzas, los sentimientos sin expresar, los sufrimientos y los temores colisionan y explotan. La película narra esta crisis. La historia gira alrededor de una cena imposible…

Por una parte está el genuino deseo de Melanie de reunir a todas estas personas dispares en su vida para estar juntos, como si fueran una familia feliz, como si pudieran olvidar momentáneamente las trampas de la vida, al tiempo que barren todos los sentimientos escondidos durante años debajo de la alfombra y celebrar el misterioso milagro de estar vivos.

Pero ese bonito deseo se ve rápidamente contaminado por la realidad. A pesar de sus esfuerzos, y los esfuerzos de otros, no alcanzan el momento de la celebración. La cena es un ritual esencial perteneciente a un contrato social que los personajes no pueden respetar. Por otra parte, hay emociones subterráneas y sentimientos que acaban siendo mucho más fuertes que todo lo demás. Por eso la cena no se celebra, al menos, no como se esperaba.

Pero sí aparecen inesperadamente los rituales de la honradez cuando los personajes encuentran la fuerza de abrirse a otro, Jakob a David, Benjamin a Jakob, David a Melanie, Jakob a Christopher y a Melanie y, por fin, Christopher a Melanie.

Gabriel Byrne, Max von Sydow, Susan Sarandon, Ron Dupuis y Christopher Plummer

Sobre los personajes y sus intérpretes

La poderosa y emotiva dinámica que impulsa la historia está encarnada por un soberbio reparto. Conseguir reunir a estos famosos y aclamados actores no solo fue algo único para el director Paolo Barzman, también lo fue ver cómo trabajaron en equipo.

Melanie Winters es una mujer que ha sufrido daños irreparables. Hace lo que puede por aligerar su dolor mediante la lógica y la compasión hacia otros, pero nunca ha conseguido estar en paz consigo misma. No puede olvidar su experiencia en Drancy y canaliza su dolor ayudando a otras víctimas de la opresión política, como a Jakob, el hombre que la salvó. Susan Sarandon es la actriz ideal para dar vida a la compleja Melanie. Aporta su conocida versatilidad y comunica sutilmente el delicado equilibrio entre la fuerza y la vulnerabilidad de Melanie, su generosidad y su difícil coexistencia con las heridas emocionales.

El marido de Melanie, David Winters, es un hombre paradójico. Tiene problemas personales, pero es consciente de que sus aventuras amorosas han dañado profundamente su matrimonio. Está amargado porque le han obligado a jubilarse, pero también sabe que sus problemas y su dolor son poca cosa comparados a los de Melanie, lo que aumenta su enfado. Cree que debe sufrir estoicamente. Se esfuerza, a veces en silencio, otras no, en aceptar las implicaciones de la llegada de Christopher y Jakob. Christopher Plummer, con su gran experiencia en los escenarios y en el cine aporta distinción, emotividad y un irónico sentido del humor a un personaje complejo y profundo.

Max von Sydow fue el actor en el que pensaron siempre Matt Cohen, las productoras y el director para el papel de Jakob Bronski. Su imponente estatura, aspecto recio y profunda voz le hacen perfectamente creíble como el “superviviente”, un hombre que sobrevivió a Drancy, a los campos nazis y soviéticos, y cuya dignidad, humanidad y entrega a la vida siguen intactas. Al contrario de Melanie y Christopher, la defensa de Jakob es el olvido. El actor, que protagonizó la primera película de Paolo Barzman, Time is Money, se sintió inmediatamente atraído por el personaje de Jakob y se alegró de tener la oportunidad de volver a trabajar con el realizador.

Christopher Lewis no se ha recuperado del todo de sus experiencias en Drancy. Ahora es un entomólogo especializado en avispas, pero es un hombre herido, obsesivo y enamorado de un fantasma, el recuerdo que tiene de Melanie. Su inesperada llegada con Jakob remueve algo doloroso escondido dentro de Melanie. Siente que su amor es profundo y que la unión nacida hace años sigue tan intensa como entonces. Para Christopher, volver a ver a Melanie solo confirma que es la única persona a la que ha amado realmente. El aclamado actor irlandés Gabriel Byrne retrata con maestría la lucha silenciosa de Christopher para relacionarse con los demás y el amor que siente por Melanie.

El hijo de Melanie y de David, Benjamin Winters, es un personaje frustrado por los defectos paternos y que siente compasión por el dolor de su madre, aunque carece de mucha información acerca del drama por el que pasó. Gracias a la simpatía que le inspira Jakob, que bien podría ser su abuelo, empieza a entender cuán profundo es el drama de su madre. Roy Dupuis, uno de los primeros actores de Quebec, era el hombre perfecto para el papel. No solo su aspecto físico le permite ser creíble como hijo de Susan Sarandon y de Christopher Plummer, sino que su tranquila intensidad aporta color y complejidad a un personaje que es el que menos habla, el que prepara la fiesta y alimenta el espíritu de la celebración.

Timmy Winters, el hijo de Benjamin, ilustra la posibilidad de que la siguiente generación se desconecte de los horrores del pasado a pesar de que intenta entender el sufrimiento de los adultos que le rodean. Dakota Goyo aporta un refrescante encanto a su papel.

Y, por fin, hay un “séptimo personaje” que tiene un papel crucial en la película: se trata de la granja y el paisaje donde se rodó Aritmética Emocional. Tal como dijo Gabriel Byrne, los tonos otoñales de las hojas y el tiempo imprevisible reflejan las complejidades emocionales y cambios de los personajes. Paolo Barzman dice que las conexiones a menudo silenciosas entre los personajes son los fantasmas del pasado, y que los decorados no solo debían contener a los actores, sino todas sus conexiones invisibles. El decorado rural, idílico y atemporal, casi “hablaba” a la cámara, convirtiéndose en un personaje más. Curiosamente, la casa tiene una auténtica conexión con la historia de la película: un pariente y un gran amigo de la familia del dueño fueron supervivientes de Drancy. Esta notable coincidencia añadió al rodaje un aura casi mística.

Aritmética Emocional. Título Original: Emotional Arithmetic. Dirección: Paolo Barzman. Guión: Jefferson Lewis. Intérpretes: Susan Sarandon, Christopher Plummer, Roy Dupuis, Dakota Goyo, Gabriel Byrne y Max von Sydow. Nacionalidad: Canadá (2007). Drama, 100 minutos aproximadamente.

Albert Puyuelo i Roca - Valoración ★★★☆☆

Francisco Bellón Ballesteros - Valoración ★★★☆☆

[Leer crítica]

Imágenes cortesía de Golem

Max von Sydow y Susan Sarandon

Susan Sarandon, Christopher Plummer, Max von Sydow y Ron Dupuis

Max von Sydow, Susan Sarandon y Ron Dupuis

Gabriel Byrne y Max von Sydow

Max von Sydow, Christopher Plummer y Ron Dupuis

Susan Sarandon y Ron Dupuis

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