Estreno del 10 de Octubre: La Conspiración del Pánico
10 Octubre 2008 · Imprimir éste artículo
Hace un año se estrenaba Disturbia, una nueva versión de La Ventana Indiscreta dirigida por D.J. Caruso, protagonizada por Shia LaBeouf y producida por Steven Spielberg -que actualmente enfrenta una demanda por no haber adquirido los derechos de la novela-. Unos meses después, D.J. Caruso y Shia LaBeouf se volvieron a reunir para realizar el thriller La Conspiración del Pánico -a partir de una idea del propio Spielberg-, que llega hoy a los cines de toda España.
Jerry Shaw (LaBoeuf) y Rachel Holloman (Michelle Monaghan) son dos desconocidos que se encuentran por culpa de una misteriosa llamada de teléfono de una mujer a la que no conocen. Amenazando sus vidas y a sus familias, consigue que Rachel y Jerry se metan en situaciones cada vez más peligrosas, utilizando la tecnología de la vida cotidiana para seguir todos y cada uno de sus movimientos. A medida que las cosas se complican, estas dos personas normales y corrientes se convierten en los fugitivos más buscados de USA, y tienen que colaborar para averiguar qué está pasando en realidad. Luchando por sus vidas, se convierten en marionetas de un enemigo sin rostro que al parecer cuenta con ilimitados poderes para manipular todo lo que hacen.
Acerca de la película
En el Centro de Mando Militar Nacional en el Pentágono, el Secretario de Defensa Geoff Callister tiene que tomar una decisión crucial: si hay que bombardear un importante objetivo, un terrorista afgano de los más buscados. Sin una confirmación total de su identidad, el presidente ordena el ataque contra lo que aparenta ser un funeral. El bombardeo provoca un incremento de la animosidad terrorista contra Estados Unidos en el extranjero, así como una posible amenaza dentro del país…
En Chicago, un gandul de 23 años llamado Jerry Shaw (Shia LaBeouf), empleado de la tienda de fotocopias Copy Cabana, recibe de repente una llamada telefónica en su casa: su hermano gemelo idéntico, Ethan, oficial de relaciones públicas de las Fuerzas Aéreas y orgullo de la familia, ha muerto en un accidente de tráfico. Mientras, la madre soltera Rachel Holloman (Michelle Monaghan) está a punto de enviar a Sam, su hijo único de 8 años, a Washington a tocar la trompeta con la banda de su colegio en el Kennedy Center: es su primera separación. Al salir una noche con unas amigas, recibe una extraña llamada en su teléfono móvil: una mujer desconocida le dice a Rachel que obedezca sus instrucciones al pie de la letra o Sam (a quien se puede ver de pronto en una gran pantalla de televisión al otro lado de la calle) morirá.
Al regresar a Chicago, Jerry se encuentra con que su cuenta bancaria, habitualmente vacía, contiene ahora 750.000 dólares, y que su escasamente amueblado apartamento está repleto de material terrorista de fabricación casera. También él recibe una llamada de la misma mujer, aconsejándole que huya o será detenido. Antes de poder marcharse, es arrestado. En un cuarto de interrogatorios del FBI, el agente Thomas Morgan (Billy Bob Thornton) interroga al joven, quien insiste en que le han tendido una trampa. Cuando le dejan solo en un despacho, Jerry es contactado de nuevo por la misteriosa mujer, quien le libera haciendo que una grúa de una construcción cercana destroce la ventana, y le ordena que salte. Es llevado por la mujer hasta un Porsche Cayenne, donde Rachel (a quien no conoce de nada) le está esperando. Sospechando uno del otro desde el principio, pronto se dan cuenta de que ambos están a merced de esa voz extrañamente sin cuerpo, que sigue todos y cada uno de sus movimientos, y tiene un control al parecer ilimitado sobre sus destinos.
Acerca de la producción
La idea para La Conspiración del Pánico llevaba años rondando la cabeza del productor ejecutivo Steven Spielberg. “La idea inicial de Steven se centraba en la noción de que la tecnología está en todas partes”, dice el coproductor Pete Chiarelli. “Nos rodea por doquier, así que, ¿qué pasaría si se volviera contra nosotros? ¿Qué pasaría si la tecnología que nos rodea, que nos encanta y de la que dependemos, de repente fuera utilizada contra nosotros de forma que pudiera causar daños y estar totalmente fuera de control?”. “Lo que Steven quería es que la gente saliera del cine y apagase sus móviles y Blackberrys porque estuvieran asustados”, recuerda el escritor y productor Alex Kurtzman: algo muy parecido a cuando el público sintió miedo de nadar en el mar después de ver Tiburón de Spielberg en el verano de 1.975.
La historia estuvo en proceso de desarrollo durante varios años, porque en la época en que Spielberg concibió la idea, “pensó que iba a parecer una cosa de ciencia-ficción”, añade Kurtzman. “No hubiera tenido mucha credibilidad porque la tecnología no estaba aún tan integrada en nuestra sociedad como lo está hoy en día”. A principios de 2006, Spielberg le llevó el proyecto a Kurtzman y a su socio en las tareas de escribir, Robert Orci, el equipo que se encuentra detrás de Misión imposible III, la próxima entrega de Star Trek, y de otro proyecto de Spielberg, Transformers y su inminente secuela, Transformers: La Venganza de los Caídos”. “Entonces, la cuestión fue cómo abordar la película”, dice Kurtzman, “para hacer un film que fuera algo más que una simple película de acción con escenas de persecución y explosiones. Se trataba, en definitiva, de aportar una perspectiva humana al conjunto de la historia”.
La historia trata acerca de dos desconocidos que se ven unidos a la fuerza, entrampados por delitos que no han cometido, que luchan por sus vidas a la vez que tratan de demostrar su inocencia. Su suspense sin pausas aumenta como una locomotora acelerando, mientras que Jerry y Rachel se convierten en marionetas de un enemigo sin rostro que al parecer cuenta con ilimitados poderes para manipular todo lo que hacen. Ese enfoque, opina Kurtzman, “hace que la película sea intemporal, porque los personajes se podían situar en cualquier época, y el público puede identificarse con ellos sin importar de dónde ni de qué época sean. Son simplemente unas personas normales y corrientes metidas en unas circunstancias absolutamente extraordinarias y que escapan por completo a su control, obligadas a hacer cosas que no entienden y que tienen que descubrir por qué han sido elegidos a medida que transcurre la película: algo que el público hace junto a ellos.
La Conspiración del Pánico es la primera incursión en la producción de Kurtzman y Orci. “Ha sido asombroso ver cómo la idea se iba desarrollando a partir de una idea que Steven nos trajo hace dos años. Ha sido fantástico ver cómo se iba expandiendo la perspectiva de esta película”. El protagonista de la película, Shia LaBeouf, se expresa de forma parecida: “Nunca he estado tan cerca de la formación de un proyecto entero. La escritura y reescritura es algo nuevo para mí. Es como criar a un cachorro. Hay mucha dignidad implícita, sobre todo porque trabajas con amigos y todo el mundo mira por los demás”.
Aunque al principio Spielberg tenía la intención de dirigir él mismo la película, al final cambió de idea y se concentró en otros proyectos, sobre todo en la película de acción y aventuras a gran escala “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. Mientras, el director D.J. Caruso estaba rodando su gran éxito de 2007, Disturbia para DreamWorks SKG, la productora de Spielberg. “Le enseñé el montaje provisional de Disturbia, y él me dijo, ‘Sabes, tenemos algo para ti’. Leí el guión y comprendí por qué, cuando tuvo inicialmente la idea, era demasiado avanzada para la época. Me encantó al instante”.
Para muchos directores jóvenes, rodar una película con un maestro como Spielberg mirando por encima del hombro podía parecer un poco intimidante. “Existía siempre la presión añadida de saber que era una historia que Spielberg había estado gestando durante años”, observa Caruso. “Pero me hizo sentir realmente cómodo. Me dijo que era importante que cada director hiciese suyo cada proyecto. Me dijo. ‘Quiero que tomes esta idea y la hagas tuya’. Confió en mí para que fuera y la hiciera y la convirtiese en algo mío, haciendo sin embargo honor a su historia. Nunca he gozado de una colaboración tan fructífera”.
Con una historia tan compleja como la de La Conspiración del Pánico, era importante contar con un director que fuera capaz de aportar equilibrio a una película en la que había no sólo una intensa acción, sino también unos ricos personajes. “D. J. le aporta un increíble sentido de la historia a un proyecto como éste”, opina Edward L. McDonnell, el productor ejecutivo. “Ya había trabajado en una amplia variedad de géneros. Ésta es más que una obra de personajes, o que una obra de acción, tiene complejidad en su desarrollo. Su habilidad para tejer una historia para nosotros, para hacerla comprensible y accesible, proviene de su experiencia previa”. “D. J. ha rodado mucho en su vida como director a medida que iba ascendiendo en el escalafón”, añade el coproductor Chiarelli. “Es estupendo para nosotros, porque teníamos que sacar partido de alguien con tanta experiencia que sabía lo que estaba haciendo y que hizo que la película fuera estupenda, que la acción fuera a lo grande, pero que a la vez consiguió sacar de los actores una interpretaciones formidables”.
Reparto y personajes
Shia LaBeouf interpreta a Jerry Shaw, la mitad menos lograda de una pareja de gemelos idénticos. “Cuando le conocemos, está metido de lleno en lo que se ha convertido su vida”, explica LaBoeuf. Es un fracasado en una familia de aparentes súper triunfadores. Su hermano gemelo era de esos triunfadores perfeccionistas, a quien le había ido francamente bien en la vida y era sumamente brillante, eficiente, fiable y seguro, todo cuanto Jerry no es. Para desesperación de su padre, Jerry dejó Stanford para viajar, y actualmente trabaja en una tienda de fotocopias de ínfima categoría. “Es del tipo de personas que ejercita su libertad y no se cree que haya que ir necesariamente a la universidad ni hacer todo lo que la sociedad te diga que hay que hacer”, observa Caruso. “En ese momento está explorándose a sí mismo, e intentando saber qué es lo que quiere hacer con su vida. Es el extremo opuesto de su hermano gemelo”.
Siendo un tipo corriente, Jerry se ve forzado de repente a desarrollar mucho carácter, y deprisa. “En el transcurso de la película (que transcurre en un día y medio, aproximadamente), se ve obligado a confrontar ciertas cosas de su vida que le hacen crecer y pasar de niño a hombre”, dice Chiarelli. Los realizadores pensaron que, ciertamente, el personaje y su intérprete poseían esas cualidades de hombre corriente. “La primera vez que D. J. me habló del proyecto, estábamos en Alemania haciendo la promoción de Disturbia”, recuerda LaBoeuf, que estaba a punto de embarcarse en otros dos proyectos de Spielberg: Transformers e Indiana Jones.
El papel supone realmente la primera interpretación de un adulto para Shia LaBoeuf. “Ha sido estupendo ver su progresión”, dice Caruso. “Tenía 19 años cuando empezó Disturbia, y ahora tiene 21. Veo esa película, y luego veo Transformers y a continuación La Conspiración del Pánico, y me doy cuenta de que sólo transcurre un año de su vida entre ellas, pero parece cinco o seis años mayor. Le hacemos interpretar a un joven de 23 años y ahí está, un hombre joven pero maduro que, en ciertos momentos de la película, tiene conversaciones con una madre de treinta y tantos acerca de lo que ella debería hacer y de lo importante que es la vida. Creo que es impresionante para alguien como Shia, que hace un año estaba interpretando a un adolescente. Definitivamente, es más maduro que la edad que tiene”. “Creo que es un papel definitorio para Shia”, añade el productor Patrick Crowley. “Señala su surgimiento como protagonista masculino”.
LaBoeuf también se ganó a su coprotagonista. “Adoro a Shia”, dice Michelle Monaghan. “Es pura dinamita como actor y muy apasionado por su trabajo. Le respeto profundamente y lo pasamos muy bien trabajando juntos”. Por supuesto, contar con un actor y un director que ya habían trabajado juntos supuso una ventaja añadida. “Tienen una especie de taquigrafía”, dice Chiarelli. ” Son como una pareja que llevaran mucho tiempo casados. Se miran el uno al otro, como diciendo: ‘Quiero una toma que sea más bien como…’ y Shia asentía como diciendo: ‘Ah, sí, sí, ya sé’. Nadie más les entendía de la misma manera”. Añade Shia LaBoeuf: “Nos comunicábamos con la punta de un dedo o con el movimiento de una mano, y después volvíamos a la escena”.
El complemento femenino de Jerry, Rachel, es una madre soltera con un ex marido que pasa algún tiempo con su hijo, pero que ha delegado en Rachel toda la responsabilidad paternal real. “Ella sólo intenta salir adelante en su vida diaria con su hijo mientras trabaja mucho”, explica Michelle Monaghan. “Rachel envía a su hijo Sam, de 8 años, de viaje a Washington, y por fin tiene un día libre, que incluye salir una noche con las amigas al bar. Pero su día libre se convierte en el peor día de su vida”, observa Monaghan. “Sale del bar para responder a una llamada telefónica que cree que es de su hijo, pero la voz que escucha es la de una mujer, que le pregunta: ‘¿Qué harías para salvar la vida de tu hijo?’ Yo obviamente no tengo ni idea de lo que me está hablando y me quedo completamente perpleja”. Entonces recibe instrucciones para que mire a los aparatos de televisión que hay en un escaparate al otro lado de la calle, y ve a Sam en el tren en una grabación de las cámaras de seguridad. “La idea de ver a tu hijo en un tren, en donde tú creías que estaba seguro y resulta que no, es simplemente aterradora”, dice la actriz.
Los productores buscaban una actriz que pudiera ser a la vez dulce y dura, que era lo que se necesitaba, y Michelle Monaghan cumplía los requisitos. “Habíamos trabajado con ella en Misión Imposible III, y descubrimos que tenía todas las cualidades que queríamos para Rachel”, dice Kurtzman. “También teníamos una noción de cómo era su voz, lo que nos ayudó mucho. Además, era muy franca con las cosas que le gustaban y las que quería ajustar, algo que nos parece de gran valor cuando tenemos que ajustar exactamente la voz al intérprete”. La firmeza de Rachel para hacer lo que haga falta para proteger a Sam del desastre la pone en situaciones que, como al Secretario de Defensa (Michael Chiklis) al principio de la película, le exigen que elija entre dos opciones terribles. “Es una situación muy impotente para ella”, comenta Caruso, quien añade: “No me metería con una madre que haya sido separada de su hijo”.
Cuando Jerry y Rachel se encuentran por primera vez, inmediatamente piensan que el otro es la causa de sus problemas, y empiezan a luchar por su liberación. “Es una historia sobre gente que hace ciertas deducciones sobre una situación”, dice Kurtzman. “Pero no tienen necesariamente razón en lo que perciben”. Pronto se dan cuenta de que son víctimas de una conspiración más amplia, sobre la que no tienen ningún control, y que si quieren sobrevivir, deben aprender a confiar el uno en el otro. “Se hace evidente que la única gente en la que pueden confiar para salir del apuro en el que están es en ellos mismos”, dice Crowley. “Y está esa especie de baile en el que calculan cuánto pueden confiar el uno en el otro”.
Para mayor interés, la relación no es de tipo romántico. “Si fuera una película de acción de los 80, se acostarían hacia la mitad de la película, y las balas volarían por todas partes”, bromea D.J. Caruso. “Pero su relación se basa en el respeto mutuo que llegan a sentir el uno el por el otro. No fue una elección consciente la de no hacer una película romántica. Quería que la historia se desarrollase normalmente”. “Lo bonito de esto es que aquí no se responde a todo”, añade LaBoeuf. “Era más potente ser dulce que ser abiertamente sexual, lo que la hubiera empobrecido”. Hubiera sido una película típica. A veces los amantes no pueden estar juntos. Eso pasa en la vida, pero raramente se ve en las películas”. Y además, añade, con toda esa acción, y citando otra película de acción de Spielberg, “no hay tiempo para el romance”.
La misteriosa voz de mujer cuyas instrucciones deben seguir Jerry y Rachel o atenerse a las consecuencias, es tan poco clara como sus órdenes. “No tenemos ni idea de por qué les mandan hacer todas esas cosas, aunque sabemos que tiene bastante poder sobre nosotros, y que estamos en peligro, y que las personas que queremos están también en peligro si no cumplimos sus exigencias”, explica Michelle Monaghan. La voz sigue exigiendo cosas increíbles, extrañas e incluso diabólicas, de Jerry y Rachel. “No tenemos ni idea de dónde viene. Parece estar en todos los teléfonos, coches, pantallas de aeropuerto: se mete en cualquier cosa que puedas imaginar “.
Aparentemente, la voz controla todo lo que hay a su alrededor, desde semáforos que hacen que los coches de policía que los persiguen choquen unos contra otros, a grúas, barcos, vagones de metro, lo que sea. “Jerry no sabe exactamente por qué sigue a esa voz del teléfono”, dice Chiarelli. “Sabe que esa voz tiene mucho poder porque de alguna manera se ha introducido en toda la tecnología que hay a nuestro alrededor, y es capaz de controlar cosas que normalmente no debería ser capaz de controlar”. “Hay un cierto grado de juego”, dice Kurtzman. “Quien quiera que sea la persona que está detrás de este misterio, les está controlando sin decirles nada más que lo que necesitan saber en cada momento. Así que, como personajes, se ven obligados a tener fe en gran cantidad. No tienen ni idea de lo que va a pasar a continuación”.
Una cosa que sí saben es que están siendo perseguidos (tenazmente) por un agente del FBI llamado Thomas Morgan (Billy Bob Thornton). Thornton tenía claro que su personaje tenía que moverse por un margen muy estrecho. “Soy uno de los buenos, pero al principio el público me va a ver como uno de los malos porque persigo a Jerry y a Rachel”, dice el actor. “Como actor, hay que ajustarse a la norma. Tienes que ser un tipo que sólo hace su trabajo”. “Billy Bob es uno de los personajes más dinámicos, inusuales y enrollados que he conocido en mi vida”, dice D.J. Caruso. “Llega a trabajar por la mañana, todavía un poco grogui (es un hombre de la noche, un músico), y literalmente, para cuando empieza a maquillarse, ya está listo para rodar. También es uno de los hombres más graciosos que he conocido nunca”.
Billy Bob Thornton le aporta una sensibilidad tejana a Morgan, algo que le sienta muy bien al personaje. “Le aporta todas las cualidades de alguien que es del sur, algo que se escucha y se siente en su interpretación al escuchar su lenguaje”, dice Crowley. De hecho, los guionistas aprovecharon a fondo la sensibilidad sureña de Thornton, pasando tiempo con el actor para tener una medida exacta del personaje. “Tiene una historia para todo”, dice Kurtzman. “Se le dicen un par de frases, y él dice, ‘sabes, eso me recuerda a…’, y empieza a hablar de alguna experiencia asombrosa. Cuando más tiempo se pasa con un actor, mejor para el realizador, porque hay algo en quienes son que va a impregnar al personaje al que interpretan”. El apreciable don de Billy Bob Thornton para la improvisación se aprovechó al máximo. “Es tan inventivo que nunca es lo mismo. Siempre es una toma diferente”, dice LaBoeuf. “Es muy atento y espontáneo. La cámara es capaz de captar cosas que yo, que estaba sentado a su lado, no veía”.
Apoyando la búsqueda de Morgan (aunque a veces no lo parezca) está la Agente Especial de Investigaciones Especiales de las Fuerzas Aéreas Zoé Pérez, interpretada por Rosario Dawson, que se ve involucrada por causa de Ethan, el hermano fallecido de Jerry, que estaba asociado a las Fuerzas Aéreas. “Es una joven agente a quien nadie toma realmente en serio”, dice Chiarelli. “Tiene que ganarse de verdad el respeto de todos, del FBI, de la gente de la Fuerza Aérea, del Pentágono. Así que necesitábamos a alguien que fuera una luchadora. Y Rosario realmente lo borda”.
Ella y Morgan descubren finalmente que tienen que cooperar el uno con el otro para averiguar la verdad que se esconde tras la muerte de Ethan Shaw. “Morgan es un tipo que se muestra instantáneamente desdeñoso hacia Zoe”, dice Kurtzman. “Pero ella llama su atención muy deprisa. Y, al igual que Jerry y Rachel, tienen que encontrar la forma de empezar a confiar el uno en el otro. Encontrar una actriz capaz de mantener el tipo frente a Billy Bob es una mercancía escasa”. “Rosario es una actriz estupenda”, dice Billy Bob Thornton, quien explica que, para reflejar la competencia entre organismos oficiales, su reto era crear una relación de confrontación hombre-mujer, en la línea de las películas de Spencer Tracy y Katharine Hepburn. Ese antagonismo en la pantalla del nativo de Arkansas y la oriunda de Nueva York, Dawson, estableció una conexión fuera de la pantalla entre los dos actores. “Ella es una neoyorquina”, explica Thornton, “pero vivía en Austin. Así que es también una tejana. La madre de Dawson conquistó a Thornton trayéndole al plató algunas comidas sureñas caseras. “Su madre es una gran cocinera, y entiende que a los tipos del sur les gusten cosas como la ensalada de col rizada”.
El Secretario de Defensa Geoff Callister está interpretado por Michael Chiklis, más conocido por el público como el rudo poli Vic Mackey de la serie Al margen de la ley. “Callister es descrito como un hombre con un aspecto de carga permanente en su semblante”, dice Chiklis. “Recuerdo haber crecido, y con cada Presidente, Secretario de Estado u otros miembros del gobierno, ver fotos de ellos de antes y después, y todos y cada uno de ellos pasaban de tener un aspecto relativamente fresco y saludable, a parecer canosos y viejos de lo que habían aprendido y del peso del cargo sobre ellos. Así que interpretar a un secretario de defensa, que lleva todo el peso del mundo en sus ojos, era algo muy interesante para mí”. “Chiklis es sencillamente maravilloso”, explica Kurtzman. “Es de ese tipo increíblemente duro, pero incluso en su personaje de ‘Al margen de la ley’, se puede ver que tiene mucha alma. Y sabíamos que íbamos a necesitar a alguien así con un personaje como Callister. Michael aportó mucha humanidad al papel; necesitábamos a alguien que pudiera interpretar todas esas variaciones, no una interpretación monocorde”.
Completando el reparto estaban Ethan Embry como el agente Grant del FBI y Anthony Mackie como el comandante Bowman. “Ethan es fantástico”, dice Caruso. “Grant es un subordinado de Morgan en el FBI. Es un tipo que aporta continuamente información y hace avanzar la película. Pero Ethan le dio a Grant esa maravillosa vida y esos rasgos, porque es un tipo que se siente un poco nervioso al lado de su jefe. Sabe que su jefe es un impulsivo”. El Bowman de Mackie es un oficial del servicio secreto del ejército, uno de un pequeño grupo de ‘personal militar’ cuyos servicios (y su relación laboral previa con Ethan, el hermano de Jerry) puede que tengan la clave de lo que le está pasando a Jerry y Rachel. El actor disfrutó de las escenas junto a su vieja amiga Dawson, pero sintió un cosquilleo especial al trabajar con Chiklis. “Lo gracioso de ‘Chik’ es que en su programa, el nombre de su personaje es Mackey, así que es fantástico poder trabajar con él”, dice riendo.
¿Alguien dijo acción?
Desde el principio, los cineastas tenían la intención de hacer una clase diferente de película de acción. Como subraya Kurtzman, “el público sólo se siente tan implicado en las escenas de acción como lo esté con la gente que se encuentra en peligro. Lo que raramente se ve en las películas de acción es el tiempo modelado para los personajes. Si no estás en cierto modo encariñado con los personajes que estás viendo, realmente no te importa si sus vidas están en peligro. Estas dos personas son muy normales y corrientes. Y eso es algo muy diferente de la típica película de acción”.
“D. J. se preocupa de verdad por la emoción”, dice Shia LaBoeuf. “Y eso es raro en películas de acción. Normalmente, la emoción queda en un plano secundario cuando se tienen esas grandes escenas de acción, porque el director piensa que no es eso lo que va a vender la película o a conseguir un buen momento para el tráiler. Pero D. J. sabe que la única manera de que la acción funcione es que uno se implique con los personajes y sus sentimientos”. Lo que no implica que el público no vaya a recibir un gigantesco estrépito junto con su entrada. “La primera hora es como un increíble video juego”, dice D.J. Caruso. “Cada vez que se dobla una esquina, no se sabe qué es lo que va a pasar”. Añade el veterano coordinador de especialistas Gregg Smrz, “comienza con un estallido y ya no para”.
D.J. Caruso tenía pensado llenar la película de “escenas de acción”: secuencias de acción alucinantes que mantienen al público en tensión. En la medida de lo posible, los realizadores querían seguir al verdadero McCoy, evitando imágenes generadas por ordenador que podrían apartar al público de la experiencia visceral de la escena. “Quería que la escena fuera real, porque soy un gran experto en las viejas persecuciones de coches de los 70, que tienen sencillamente acción real”, dice Caruso. “Cuando los coches chocan y las cosas explotan, me encanta que suceda de verdad y poder fotografiar las cosas. Quería abstenerme lo máximo posible de usar tecnología digital. Así que cuando la grúa atraviesa ese edificio, es una grúa de verdad que atraviesa el escenario que construimos”.
Persecuciones de coches clásicas, como la de French Connection, sirvieron como modelos de cómo hacer que la acción resulte real. “Lo que tienen esas películas es que nunca desafían las leyes de la física”, observa Kurtzman. “Se puede realmente sentir que, cuando un coche es golpeado, a la gente que va en el coche les duele. Es totalmente vívido”. Sorprendentemente, hacer esas imágenes al estilo de la “vieja escuela” es lo que ayuda a desmarcar la acción en La Conspiración del Pánico de otras películas del género. “El público actual compara las escenas de acción con otras que ha visto en otras películas”, dice el veterano productor de películas de acción Crowley. “Así que, cada vez que se hace algo espectacular, se pone más alto el listón para los que vengan detrás. Yo he hecho un montón de persecuciones de coches. Y la forma de hacer atractiva una persecución de coches, de hacer que sea uno de esos momentos en que el público se levanta y chilla, es algo que nos hizo pensar meses y meses”.
La espectacular persecución de coches implica al FBI y a la policía de Chicago, que intentan echar el guante a Jerry y Rachel inmediatamente después de encontrarse, mientras la voz misteriosa va abriendo camino a su Porsche Cayenne a través de las calles de Chicago, al mismo tiempo que sus perseguidores encuentran sólo obstáculos y caos. La enorme secuencia fue rodada durante varias semanas con un equipo de 100 personas, con el centro de Los Ángeles sustituyendo eficazmente al de Chicago. La secuencia fue cuidadosamente planeada, historiada y ejecutada por el director D.J. Caruso, junto con Brian y Gregg Smrz, parte de una familia con más de tres décadas de experiencia en el rodaje de películas. Juntos cuentan con más de trescientos títulos en su haber. Para La Conspiración del Pánico, Smrz fue contratado como director de la segunda unidad y coordinador de especialistas, encargado de estrellar coches, grúas y contenedores, así como de la exigente persecución de coches, mientras su hermano Gregg trabajaba con la unidad principal.
Para la escena de la persecución, Smerz calcula que la producción destrozó 38 coches. “Hicimos cuatro vueltas de campana, dos de lado, y un montón de golpes por todas partes. Cada noche, había al menos entre cinco y diez coches destrozados”. D.J. Caruso tuvo que filmar él mismo algunas secuencias de la segunda unidad. “Muchas de nuestras escenas de acción exigían que nuestros personajes se vieran implicados en el rodaje de la segunda unidad”, explica. “Así que no sólo tuve que hacer chocar y volcar coches, sino que tenía que coger a los actores y ponerles en esas situaciones”.
Ambos protagonistas de la película fueron sus propios especialistas. Conduciendo, tirándose al agua, saltando, con los consecuentes golpes y moratones, los dos actores colaboraron estrechamente con los coordinadores de especialistas y su equipo para garantizar que no hubiera riesgos. “Hicieron el 80% de sus escenas de acción”, dice Smrz, “y realizaron un espléndido trabajo”. En muchas de las escenas con el Porsche, es realmente Michelle Monaghan quien conduce. “Para el papel que interpreta, no hacía falta que fuera una gran conductora”, dice Smrz, así que tenía que conducir el Porsche de forma errática. “Hizo un trabajo genial, para ser sincero, ¡yo estaba temblando cuando ella arrancó!”
“Ella es muy guerrera”, dice Shia LaBoeuf de su coprotagonista. “Creo que nunca he visto a una mujer hacer las escenas de acción como las hace ella. Y luego se pone de pie y se ríe, y va y se come una galletita. Y yo estaba sentado allí, con el codo dolorido, y ella se volvía y me decía: ‘¿Por qué no conduces tú?’. El propio Shia LaBoeuf se llevó una paliza (literal y figurativamente) durante la escena de una pelea que tiene lugar en la Librería del Congreso en Washington, y que fue filmada en el Hall of Records de Los Ángeles. “Hizo él mismo el 90% de esa pelea”, subraya Smrz. “Soy un gran fan de la lucha libre, me encantan esas peleas”, dice el actor. “Para un chiquillo judío bajito, ¡era genial llegar al escenario y ser un superhéroe por cinco minutos!”
A los dos les encantó de verdad hacer de especialistas. En otra secuencia, se ve a la pareja caer desde el coche, que ha sido elevado a mucha altura por una grúa, y aterrizan sobre una pila de basura en una barcaza. “Había probablemente 25 metros de altura, y cuando vieron a los especialistas dar ese gran salto, se sintieron realmente decepcionados por no poder hacerlo también ellos”, dice D.J. Caruso. “Así que les elevamos sobre el escenario y les hicimos saltar desde un coche a 7 metros de altura sobre un colchón de aire”.
En una escena llamada cariñosamente por el equipo Rampas y escaleras, el agente Morgan persigue a Jerry y Rachel a través de un almacén de procesado de equipajes en el aeropuerto, que en realidad se rodó en un local de DHL en Riverside, California. Construido más bien para cajas que para personas, la acción transcurre en ese sistema de tres pisos con cintas transformadoras y rampas que serpentean a través de la inmensa planta. Los actores y los cámaras se apelotonaban en las cintas transportadoras y se caían por las rampas, una y otra vez durante cuatro días. “Era bastante difícil bajar por esas grandes rampas”, dice Michelle Monaghan. “Terminamos con unos cuantos cardenales, pero también fue muy divertido”. Monaghan terminó de rodar la secuencia decidida a hacer algo: “Creo que me ha convencido de apuntarme a la escuela de especialistas y aprender a amortiguarme y a caerme y rodar, y he convencido a mi marido para que venga conmigo para aprender a simular peleas y sorprender a la gente en las fiestas”.
Un show itinerante
Como Jerry y Rachel, la productora se puso a tope ya en el primer día de rodaje. Aunque la historia tiene lugar en tan sólo un par de días, se desarrolla en docenas de localizaciones de diversas ciudades de todo el mundo. Desde las primeras secuencias de la película, en el Centro de Mando Militar del Pentágono, con el Secretario de Defensa viendo en tiempo real las imágenes del seguimiento de una actividad sospechosa en una pequeña aldea de la frontera entre Irán y Pakistán, hasta la implacable persecución de Jerry y Rachel, la realización de esta película de pulso acelerado exigió que cada miembro del equipo rindiese al máximo.
Rodar más de 200 escenas, con más de 100 mudanzas en 77 días, puso a prueba al equipo y a los actores. Como el propio Shia LaBoeuf señala, “Fue una película difícil de hacer… en el buen sentido”, dice el joven actor. “Era duro, con localizaciones incómodas, y no paramos de trasladarnos durante 60 ó 70 días. Era una caravana de seres humanos. Éramos unos 120 viajando sin parar”. Para la coprotagonista Michelle Monaghan, el movimiento constante ayudó a reflejar la historia de los personajes. “Es algo que te pone realmente al límite, montarse cada día en el coche sin saber adónde íbamos. Cada día parecía más grande que el anterior, y eso resultó ser muy, muy emocionante”.
“Se convirtió en una especie de película de carretera independiente”, dice D.J. Caruso, “porque siempre pasábamos un día o dos en diferentes localizaciones y luego seguíamos moviéndonos. Eso realmente ayudó a darle perspectiva a la película”. El rodaje principal comenzó en Kendall County, Illinois, en las afueras de Chicago. La empresa obtuvo un permiso especial, no sólo para rodar bajo las colosales torres del tendido aéreo de alta tensión de Commonwealth Edison, sino también para rodar la escena (en la que Jerry y Rachel se encuentran con un desconocido que les da las llaves de una furgoneta antes de electrocutarse ante sus ojos) con una cámara montada en un helicóptero que da vueltas volando hábilmente alrededor de las torres.
Desde ahí, el grupo se desplazó a Chicago para rodar en más de una docena de localizaciones en el transcurso de diez días: frente al apartamento de Jerry, en el cajero automático que escupe el inesperado aumento de la fortuna de Jerry, frente al famoso “Rock’n'Roll” McDonalds de Chicago, donde Rachel se queda horrorizada al ver las imágenes de su hijo proyectadas en el muro de pantallas del restaurante, y en la red de transporte público elevado de Chicago. La productora rodó varias escenas en la tercera red de transporte público más utilizada de Estados Unidos con la inmensa ayuda y cooperación de la dirección del transporte público de Chicago. Tanto la primera como la segunda unidad rodaron también en la ciudad diversas partes de la persecución de coches, incluido el principio de la persecución, con Monaghan al volante del Porsche Cayenne.
No hubo tregua al regresar el grupo al sur de California. Los realizadores utilizaron sabiamente docenas de localizaciones en Los Ángeles y sus alrededores que sirvieron de doble para todo, desde un aeropuerto de Indiana hasta un pueblecito del Medio Oeste. Desplazarse de una localización a otra era un trabajo intensivo para todos los implicados. En algunos casos, había que decorar y construir las localizaciones. El diseñador de producción Tom Sanders y su equipo pasaron cuatro semanas en Riverside, California, creando la réplica realista de una localidad desértica de una remota provincia de Pakistán, donde tienen lugar algunas de las secuencias iniciales de la película.
Una de las localizaciones más inusuales fue un desguace localizado en Terminal Island, en el puerto de Los Ángeles. Allí, el grupo rodó una escena en la que Jerry y Rachel corren entre unas pilas de 7 metros de altura de coches aplastados y metal retorcido, mientras sus perseguidores chocan con grúas gigantescas o son aplastados como insectos por ellas. Originalmente, el grupo iba a rodar en esa localización durante un par de días. Pero eso cambió cuando D.J. Caruso y su equipo inspeccionaron el desguace. Caruso vio esa localización y creó la secuencia. Como explica el jefe de localización Craig Van Gundy, “A D. J. le gustó tanto la localización, que creó toda una secuencia basada en la misma con el encargado de la fotografía Dariusz Wolski y los equipos de especialistas y de efectos especiales”. Para cuando terminaron, entre la primera y la segunda unidad, el grupo había rodado en ese lugar durante 14 noches.
El camión cisterna que la productora había llevado a Terminal Island para humedecer el lugar antes de rodar resultó completamente innecesario, pues la zona fue azotada por un fuerte aguacero que duró toda la noche del rodaje. La tormenta llegó a hacer que la productora suspendiera el rodaje por un corto espacio de tiempo después de que se diera un aviso de tornado en una zona justo al sur de la localización (el tornado, un fenómeno muy inusitado en el sur de California, se desató unas horas más tarde varios kilómetros al norte de Los Ángeles).
La base de operaciones de la productora fue la vieja planta aeronáutica de Howard Hughes en Playa Vista, no lejos del aeropuerto internacional de Los Ángeles. Dos hangares albergaron, en una rotación continua, más de 50 escenarios, incluidos el salón de la Cámara de Representantes del Congreso y todos los escenarios interiores del Pentágono. La oficina del Secretario de Defensa Geoffrey Callister y los pasillos del Pentágono, así como otros escenarios clave del Pentágono, fueron diseñados y construidos en los hangares donde Hughes construyó su avión Spruce Goose, un hecho notable para el actor Billy Bob Thornton. “Era bonito llegar a trabajar cada día y pensar: “¡Caramba, mira la historia de este sitio!”
Haciéndolo real
Para mantener al público acompañando a Jerry y Rachel en su viaje por un mundo donde un ente desconocido parece capaz de controlar todo lo que sucede en sus vidas, los realizadores se atuvieron a una sencilla idea, como un mantra: hacerlo real. “Hay un poco de ciencia-ficción en el núcleo de esta película” explica el coproductor Chiarelli, “y la forma de vender esa idea es hacer que todo lo que les rodea parezca lo más real posible. Ya sea el pasillo del Pentágono o el edificio del Capitolio, nos esforzamos mucho por recrear todo de la forma más precisa posible”. “Fuimos muy cuidadosos a la hora de desarrollar el guión para poder garantizar que todo lo que experimentan fuera en cierto modo posible”, dice Kurtzman. “Sólo con que una de ellas pareciera falsa, todo se vendría abajo”.
Con un público familiarizado con las investigaciones criminales y militares gracias a las noticias y a los programas de juicios de la televisión, era fundamental conseguir que esos aspectos parecieran tan auténticos como fuera posible. Para garantizar que el ejército cumpliese las expectativas del público, los realizadores recurrieron a la ayuda del Pentágono. “Es muy difícil conseguir la cooperación del Departamento de Defensa”, dice el productor Ed McDonnell. “Pero colaboraron estrechamente con nosotros en el guión. Se implicaron totalmente con nosotros en esta película, para darle así un sentido de autenticidad y realismo que no hubiera podido tener sin su ayuda”. Todo, desde la semántica del lenguaje hasta el lenguaje corporal pasando por el carácter, fue revisado con ellos. “Tanto D. J. como Shia disfrutaron teniendo a esos asesores diariamente en el plató”. Añade Shia LaBoeuf: “Había un tipo para todo: repasando los gestos, la forma en que se empuña un arma, la forma en que se habla a un oficial concreto”.
Rosario Dawson llegó a viajar al cuartel general de la Fuerza Aérea en Washington para enterarse de cómo eran las vidas de sus homólogos en la vida real. “Concertamos una cita para que se reuniera con ellos y se informara de las cosas que hacen”, explica el asesor técnico de las Fuerzas Aéreas, Vince Aragona. Dawson habló también con una agente similar a su personaje en la base aérea de Los Ángeles. “Esa persona al final terminó haciendo de extra en la película”, apareciendo como doble de Dawson en algunas de las escenas. También aparecen como extras en la película otros militares en activo. “Cuando se tiene a gente que está en el servicio activo y aparecen vestidos de uniforme”, dice Aragona, “ya saben cómo caminar, cómo desenvolverse, cómo vestir correctamente el uniforme. Están en el servicio activo, saben lo que están haciendo. Además, les encanta hacerlo”.
La asesoría técnica para la parte de investigación criminal llegó en la forma de Tom Knowles, un veterano recientemente retirado tras 22 años de servicio en el FBI. Entre otras tareas, Knowles trabajó con Thornton y Ethan Embry, y repasó el guión para garantizar la autenticidad. “Me pidieron que les ayudara, por ejemplo, en una ‘escena de asesinatos’, para ayudar a los actores con la clase de cosas en las que deberían concentrarse, cuáles pruebas son cruciales y cuáles no, cosas así”, explica él. En una escena de un asesinato, es hallado un cadáver que lleva un pequeño radiotransmisor en una oreja, y que está rodeado de huellas de pisadas. “Al principio se concentraban en las pisadas”, dice Knowles. “La pisadas son buenas como prueba. Pero los micrófonos y todo lo que haya sido fabricado por el hombre llevan un código de fábrica, una información que se puede rastrear hasta dar con el fabricante o con la persona que lo compró. Esto puede conducir hasta un potencial sospechoso”.
Incluso una de las placas honoríficas del propio Knowles terminó formando parte del decorado en las paredes del despacho del agente Thomas Morgan. “Su nombre de pila era igual que el de Morgan”, dice Carr. “Así que si uno lo ve muy deprisa, podría realmente haber sido algo de Thomas Morgan”. El propio Knowles aparece en una escena, haciendo una de las cosas que mejor se le dan: conducir como un poli. “Sabes, uno de esos frenazos bruscos que cualquier agente de la ley ha hecho miles de veces. Yo simplemente intentaba no abollar sus coches”, dice, y añade: “A lo largo de mi carrera, he tenido fama de destrozar algunos vehículos oficiales de vez en cuando”.
La tarea de crear un mundo creíble para la historia recayó en Tom Sanders y su equipo. “Queríamos que todo fuera lo más realista posible”, dice Sanders. Incluso con más de 90 escenarios distintos y una apretada agenda de producción, Sanders, que ha recibido numerosos premios por su labor en películas como Salvar al Soldado Ryan, Braveheart y Drácula, estaba impaciente por enfrentarse a los retos de La Conspiración del Pánico. “Era un buen cambio de ritmo, pues había hecho muchas películas de época, así que también fue divertido saltar al presente”.
Para reproducir lugares como el Salón de la Cámara de los Representantes del Capitolio de USA, en una secuencia en la que el Presidente va a ofrecer el discurso del Estado de la Nación (una escena familiar para el público americano), los realizadores viajaron varias veces a Washington para llevar a cabo tareas de documentación. Construido casi a escala en un estudio de sonido por Sanders y su equipo, el decorado fue amueblado con tantos detalles como para impresionar hasta a los críticos más curtidos. “Francamente, la labor de documentación llevada a cabo antes incluso de que yo llegara ha sido sobresaliente y fenomenal”, dice el asesor técnico del Congreso Bryn Forhan. “Creo que han conseguido un 110%”.
El decorador de escena Carr no sólo reprodujo la “maza” plateada (un bastón que rara vez se ve y que es portado por el sargento de armas cuando anuncia al Presidente), sino también un retrato del general francés Lafayette, el primer mandatario extranjero que habló en la Cámara, y que cuelga de las paredes de la sala. “Encontré a una fabulosa retratista, Marian Westall, que llevó a cabo una gran labor de documentación sobre Lafayette y encontró retratos suyos”, explica Carr.
Algunas instalaciones del gobierno estaban vedadas para las visitas de documentación. El Centro Nacional del Mando Militar tuvo que ser diseñado y creado mediante pura imaginación. “Realmente no sabemos qué aspecto tiene”, dice Carr. “No teníamos referencias visuales suyas. Uno se puede imaginar que es un espacio lleno de personas trabajando, con muchos ordenadores y escritorios. Pero ahí no estaban permitidas las visitas. Así que es un decorado con el que nos tuvimos que tomar ciertas licencias artísticas, fue una conjetura hecha con cierta base”. En cuanto a la cooperación por parte del Departamento de Defensa, la producción tuvo la inestimable oportunidad de rodar realmente en el Pentágono, haciendo aterrizar un helicóptero BlackHawk en la pradera que hay en el exterior del edificio. La filmación requirió la colaboración de varios departamentos, dice Vince Ogilvie, Asistente Principal Especial para Medios de Comunicación del Departamento de Defensa. “Hemos rodado ya varias escenas aéreas sobre el Pentágono, lo que por supuesto implica la coordinación del Departamento de Transportes, el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Defensa para conseguir que esas escenas aéreas se desarrollen en un estrecho pasillo aéreo sobre la capital de la nación”.
El impacto de esa experiencia no dejó indiferente al actor Michael Chiklis. “Poder volar realmente al interior del Pentágono y aterrizar en la pradera de enfrente francamente me fascinó”, dice. “No hay nada como poder ver ese espacio y entrar en sitios donde los civiles no pueden entrar, y sentir en parte el peso que sienten altos cargos como el Secretario de Defensa. Para una actor, es algo fabuloso”. Además de supervisar la relación entre la producción y el Departamento de Defensa, Ogilvie puso en práctica sus 28 años de experiencia en el servicio militar para ayudar a Chiklis a dar forma a un personaje creíble. “Ha combinado características de los cuatro Secretarios de Defensa que yo he conocido para realizar su interpretación de Callister”, dice Ogilivie.
El Gran Hermano vigila
Acabas de terminar tu jornada laboral. Apagas el ordenador y la red le informa a tu jefe de cuánto has progresado exactamente en ese informe que tienes que presentar el viernes. Yendo en coche hacia tu casa, recibes un mensaje en tu PDA de tu casa “inteligente”: necesitas leche. El GPS de tu coche te dice cuál es el mejor sitio para comprarla. Tu hijo te llama y te dice que va a cenar en casa de un amigo y tú sabes dónde está porque el GPS del coche familiar te lo dice. Le recuerdas que tome su medicación contra el asma gracias a un mensaje del archivo médico informatizado de la familia, que también te informa de que tienes que pedir hora para tu próximo chequeo. Ya no es el futuro.
Nuestra época está repleta de una amplia gama de dispositivos electrónicos, desde teléfonos móviles a sistemas GPS, cajeros automáticos, ordenadores, alarmas para el hogar, circuitos cerrados de televisión, cámaras de tráfico, bandas magnéticas de tarjetas de crédito, clubes de compras, identificadores y licencias, creados para hacer más fáciles y seguras nuestras vidas. Los ordenadores han simplificado la organización y el control de la información, la comunicación, los transportes, el material militar, los sistemas financieros y las redes de suministro energético, las cosas que constituyen la médula de nuestra vida cotidiana. “Son cosas en las que hemos invertido mucho”, dice Shia Laboeuf, “fueron inventadas para hacer más cómodas nuestras vidas”.
“Sin embargo”, como observa Shia LaBoeuf, “no hay demasiada gente que se pare a pensar en cómo funciona todo eso”. Todos los días, prácticamente sin que nadie se dé cuenta, nuestro mundo es grabado y archivado digitalmente: nuestra imagen, nuestro nombre y número de la seguridad social, nuestras preferencias a la hora de hacer compras, adónde vamos en este mundo y en el mundo virtual. Quiénes somos, nuestros gustos, lo que no nos gusta, nuestros secretos, lo que hacemos y lo que no, todo forma parte de un nuevo paisaje digital. Nuestras caras, nuestros ojos, nuestras voces, nuestra manera de andar, todos pueden ser medidos, digitalizados, grabados y almacenados para su seguimiento. Y a medida que aumenta la potencia y la capacidad de archivo de los ordenadores, aumenta también la posibilidad de controlar todo eso. “Todo lo que hacemos en esta película”, dice Kurtzman, “refleja de una forma u otra el mundo en que vivimos”.
La pregunta que la película plantea es: ¿qué pasaría si…? ¿Qué pasaría si alguien descubriera la forma de acceder a toda esa información, a toda esa tecnología, y la utilizara contra ti? La premisa que constituye la base de ese panorama de pesadilla, con gente inocente que es chantajeada y perseguida, está ciertamente más cerca que cuando Spielberg concibió su idea. En los años transcurridos desde que se le ocurrió la idea de la película, la tecnología se ha desarrollado de manera exponencial. Un mundo en el que uno es vigilado, sus movimientos rastreados, grabados y archivados, ha pasado de ser ciencia ficción a ser realidad. “Lo increíble”, explica Laboeuf, “es que Spielberg tuviera hace casi diez años la premonición de que esto iba a ocurrir”.
Como señala Kurtzman, la innovación está acelerando tan deprisa que ya en la época en que él y el productor Robert Orci trabajaban en el guión, la premisa se había acercado mucho más a la realidad. “Lo que Steven nos dijo fue que, en la época en que él concibió la idea, habría sido ciencia-ficción”, dice Kurtzman, “habría ido más lejos que cualquier probabilidad plausible. Y lo que realmente es más emocionante de hacerla ahora es que ya no es ciencia-ficción. La tecnología está cambiando muy rápidamente, realmente ha cambiado a nuestro favor en el transcurso de los últimos dos años. Porque cada día que nos despertamos, todo se vuelve cada vez más posible”.
Lo más terrorífico de lo que quiera que sea que controla a Jerry y Rachel es su capacidad para orquestar la manipulación de un montón de tecnologías aparentemente benignas. El interés de Michelle Monaghan hacia el proyecto se vio reforzado por esa terrorífica noción de la tecnología cotidiana utilizada como arma. “Cuida de nosotros y dependemos muchísimo de ella”, dice. “La idea que realmente se volviera contra nosotros, de que se utilizara contra nosotros, me pareció terrorífica, y es una de las cosas que me intrigaron de verdad cuando leí el guión”.
Durante su interrogatorio, Jerry es sacado de un despacho del FBI por una grúa gigantesca que irrumpe en la habitación destrozando una ventana. Rachel ve cómo las pantallas de un McDonalds se convierten en una retransmisión en tiempo real de su hijo que viaja en un tren. Una voz a través del teléfono les dice exactamente qué es lo que tienen que hacer a continuación o de lo contrario sufrirán graves consecuencias. Jerry y Rachel son peones en ese nuevo paisaje digital.
Lo único que sabemos es que hay una voz muy poderosa”, dice Shia LaBoeuf, “que está en cada coche, cada panel de aeropuerto, en todos los aparatos que se pueda imaginar. Realmente no tenemos ni idea de por qué se nos ordena hacer esas cosas. Sólo sabemos que la voz tiene un poder considerable y que nosotros, y la gente que queremos, estamos en peligro si no cumplimos sus órdenes. No tenemos ni idea de dónde viene, lo único que sabemos es que nos controla desde todas las direcciones y que no hay forma de escapar”.
La Conspiración del Pánico. Título Original: Eagle Eye. Dirección: D.J. Caruso. Guión: John Glenn, Travis Adam Wright, Hillary Seitz y Dan McDermott. Intérpretes: Shia LaBeouf, Michelle Monaghan, Billy Bob Thornton, Rosario Dawson y Michael Chiklis. Nacionalidad: Estados Unidos (2008). Thriller, 115 minutos aproximadamente.
Francisco Bellón Ballesteros - Valoración 




[Entrevista a Michelle Monaghan]
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Imágenes cortesía de Paramount Pictures España (pinchad en ellas para ampliarlas)












































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