Estreno del 29 de Agosto: Los Girasoles Ciegos
29 Agosto 2008 · Imprimir éste artículo
Finalizamos nuestro repaso a los estrenos de la semana con la única película española que llega hoy a los cines, Los Girasoles Ciegos, el nuevo film de José Luis Cuerda. El último guión escrito por Rafael Azcona es la adaptación de la novela homónima de Alberto Méndez, en concreto del última de los cuatro cuentos que conforman la novela. La película es una nueva prueba de la madurez alcanzada por el cine español, que se atreve a hablar sin miedos ni complejos de una historia dura de la posguerra y la dictadura franquista. Sólo nos queda saber si la sociedad española también ha evolucionado lo suficiente como para poder ver cintas de este tipo sin escandalizarse.
Orense, 1940. Cada vez que Elena (Maribel Verdú) cierra la puerta de casa, echa la llave a sus secretos. Su marido, Ricardo (Javier Cámara), amenazado por una despiadada persecución ideológica, lleva años escondido en el piso donde conviven con sus hijos: Elenita (Irene Escolar) y Lorenzo (Roger Princep). Salvador (Raúl Arévalo), un diácono desorientado tras su lucha en el frente, vuelve al seminario de Orense. Las dudas en la vocación del joven llevan al Rector (José Ángel Egido) a retrasar su acceso al sacerdocio durante un año. Mientras, Salvador dará clases en el colegio donde estudia Lorenzo, el hijo de Elena, a quien Salvador cree viuda. El diácono se obsesiona con ella y la acosa. La frágil realidad de la familia se tambalea. Heridos y zarandeados por las circunstancias, los protagonistas de Los Girasoles Ciegos se golpean contra un muro de represión, amores imposibles y derrotas emocionales, mientras buscan un resquicio para volver a la vida.
Notas de José Luis Cuerda. La historia y el guión
Ésta es una historia que transcurre en la podredumbre de la moral y de lo político, y como consecuencia de lo mismo también en la podredumbre de lo estrictamente personal. En estas circunstancias la tentación más grande es la de pasar al anonimato, y la de mantenerse descolorido para que nadie vea las aristas que puedes mostrar ante el poder. Es la historia de unos personajes cautivos de ideas, de sentimientos y de una moral diseñados por decreto. Luchar contra semejante situación sólo era posible desde la clandestinidad; pero esta película no trata de eso; sino de la muerte en vida de Ricardo, el personaje que interpreta Javier Cámara y del duelo que ello ocasiona a quienes comparten su agonía, unos personajes heridos, zarandeados, pero inevitablemente vivos.
Los Girasoles Ciegos es una película hecha con los mimbres de la narrativa clásica del xix, en la que se mimaba la construcción de los personajes. Se estudiaban muy a fondo las situaciones en las que convenía colocarlos para que pudiesen lanzar su peripecia vital con mayor profundidad y con mayor expresividad.
La mayor dificultad en la adaptación de un texto como el de Alberto Méndez es que se trata de una obra muy literaria. Yo no me pongo a buscar equivalencias en imágenes de lo que es la literatura de la obra. Lo más adecuado en este caso es quedarte con el argumento, con los personajes, y hacer los diálogos que creas más adecuados para que respondan al espíritu del texto. Se trata de estudiarlo al máximo, de conocerlo al máximo, y diferenciar lo que puede o no puede ser trasladado a una película. La otra dificultad es saber que estás obligado a responder a unas expectativas que son muy altas.
Con Rafael Azcona, tanto escribir guiones como pasar una tarde o comer, resultaba siempre fácil porque era una persona encantadora, de una bondad y de una inteligencia infinitas. No creo que haya nadie en el mundo que sepa más de escribir guiones que Rafael. Y no creo que haya nadie en el mundo que a la edad que él tenía cuando escribimos este guión, los ochenta años largos, mantuviera tan vivo su espíritu para captar todo lo que le rodeaba. A su lado yo me sentía un viejecito que renqueaba en muchos aspectos, mientras que él mantenía una vitalidad que era un reto para el trabajo, para la vida y para la honradez personal y profesional.
Los Girasoles Ciegos es una película sobre amores imposibles. Es decir, ninguno de los personajes puede dejar que sus sentimientos se manifiesten en libertad ni cumplan sus expectativas. No tienen nada que hacer y cuando lo intentan sufren por ello. Son amores que tropiezan contra una pared.
Simplificando mucho, preveo dos tipos de espectadores: los que han leído la novela de Alberto Méndez y los que no lo han hecho. No voy a decir la grosería de que creo que a él le hubiera gustado, porque no estoy legitimado para hacerlo. Me gustaría que a Alberto le hubiera gustado porque le quería mucho. Durante el tiempo que coincidimos en TVE nos llevábamos muy bien. Me parece que la película no le quita nada a la obra literaria. Los cuentos que hemos manejado están ahí con absoluto respeto, y con una emoción, y un acercamiento personal que llega hasta el tuétano de los huesos
José Luis Cuerda habla de los actores
Maribel Verdú posee una vitalidad enorme, vitalidad que le ha servido para interpretar el personaje de Elena, porque es algo que le bulle por dentro al personaje: esos deseos de vivir una vida completa. Me parece una actriz portentosa. Todos los espectadores la conocen bien, y pasará a la historia del cine español como uno de sus hitos. Elena es una superviviente que saca heroicamente su casa adelante. Es un personaje conmovedor y emocionante. Y todo eso Maribel lo interpreta, creo yo, como uno de los trabajos actorales más importantes que he visto en muchos años. No me extraña que la llame Ford Coppola para trabajar con él.
Me parece muy bien que Javier Cámara haya reivindicado el derecho a la cobardía con este personaje, porque es algo que yo he defendido siempre. Creo que la cobardía la dicta el instinto de conservación, mientras que la heroicidad es fruto de la pérdida del mismo. Lo que tengo muy claro es que nadie está legitimado para ponerme en las circunstancias en las que tenga que convertirme en un cobarde. Ricardo sólo tiene para sobrevivir su propia dignidad. Es lo único sobre lo que puede posar sus pies con la certeza de que pisa terreno seguro. Que su dignidad como ser humano no puede ponerla nadie en tela de juicio; y que nadie puede juzgarlo y hasta condenarlo a muerte por lo que piensa o dice. Ricardo está encerrado física, mental y psicológicamente, y Javier hace una interpretación heroica de esta circunstancia. Tiene muy pocos elementos con los que jugar y tiene que salvarlos a base de una compostura física e interpretativa que me parece admirable.
Conocía a Raúl Arévalo por dos películas: AzulOscuroCasiNegro y El Camino de los Ingleses. En ambos casos hacía una interpretación matizadísima, expresiva, que subía y bajaba con facilidad y sabiduría. Pero al no conocerlo personalmente no tenía la certeza de su capacidad para interpretar un personaje tan complejo, tan lleno de matices y motivos internos como el de Salvador. Raúl ha hecho una composición magistral. Es muy difícil encontrar a un actor en el universo mundo que sea capaz de poner en la pantalla la cantidad de cosas físicas aportadas por él. Detalles de dicción, de pausas en lo que dice, de miradas; de expresión, con los ojos, con la boca. O cómo usa el movimiento de los brazos: dejarlos quietos, llevarlos hacia adelante o hacia atrás, o separarlos del cuerpo. Ha hecho tal cantidad de cosas y tan bien hechas, que indican tal conocimiento del personaje, que me ha dejado perplejo.
La naturaleza amorosa de esta historia es difícil de explicar. Hay unos dardos que van de unos personajes hacia otros; unos saben por qué les llegan, otros no lo saben, otros no quieren admitir que les están llegando. Es un lujo que discurre entre tres personajes, y el efecto que tiene sobre ellos es hiriente, castrador, destructor.
Éstos son personajes a los que la luz de la vida no les llega directamente. Les llega a través de muchas curvas y de muchos rincones. La vida para ellos no es algo a lo que se pueden adherir, sino de lo que se tienen que cuidar muy mucho debido a las circunstancias. Por lo tanto, la luz les llega sesgada. Viven entre contraluces y acceden a la luz sólo en muy contados momentos.
José Ángel Egido compone un personaje que te deja sentado. Es un cura. Se trata de un material que conozco porque estuve tres años en un seminario. Fui católico fervoroso cuando me correspondía y, provisionalmente, muy practicante. Conozco muy bien qué cosas dicen, para qué las dicen y por qué las dicen. Y José Ángel lo clava. Lo hace a través de la inmediatez, la cercanía, el conocimiento de la vida. Sabe cómo un cura debe incidir en esa vida desde el conocimiento de la juventud y de lo que implica esa juventud. Creo que con su interpretación se gana la simpatía, el afecto y al mismo tiempo el odio de cualquier espectador, porque es un manipulador magnífico.
Cuando terminé la película, de las primeras cosas que hice fue enviarle un mensaje a Rafael Azcona diciéndole: ‘No sabes el regalo que nos han hecho los actores en esta película’.
Buscando el sol: Los protagonistas
Director e intérpretes nos dan las claves de trabajo manejadas durante el rodaje de la película.
Elena, en palabras de Maribel Verdú: “Elena es uno de esos personajes luchadores, supervivientes, con un temple increíble. A su alrededor todo es horror, y ella aguanta siempre con buena cara, con una sonrisa. Tiene la palabra adecuada para todo el mundo. Y es muy buena actriz, sale de todas las situaciones con naturalidad, como quien no quiere la cosa. Es un personaje absolutamente asombroso, que tira del carro con una dignidad envidiable”. José Luis Cuerda apunta: “Cuando dirigía a Maribel durante el rodaje me daba cuenta de que muchas de sus interpretaciones consistían en cortar gestos, en no terminar palabras, en frustrar sentimientos. Porque es un personaje que se ve obligado a mentir durante toda la película. Incluso a mentirse a sí misma. El personaje de Maribel es uno de los más complejos que he manejado nunca en cine, y si al de Maribel se suma el de Raúl, diría que se trata de la pareja más compleja que he manejado nunca en una película. Me recuerdan a personajes clásicos de la literatura del xix. En ellos hay connotaciones galdosianas, incluso unamunianas. También hay referencias a personajes de películas de Buñuel, por ejemplo, que como sabemos bebió de Galdós muchas de las historias que llevó al cine. Creo que es un personaje emocionante al máximo”.
Javier Cámara recuerda su experiencia en la piel de Ricardo: “Al principio no podía hacerme a la idea del dolor que debía de sentir Ricardo. Me sentía perdido. Siempre hemos oído historias de gente que había callado, que se había escondido. Me interesaba transmitir eso, lo que se debe de sentir cuando sufres la costumbre del terror. Al mismo tiempo, es un cobarde y no lo puede evitar. No es un poeta luchador, de arengas o mítines, es un profesor de escuela. Y me apetecía contar esa historia, la de una persona a la que la ha podido la vida. José Luis me hablaba mucho de la dignidad del personaje. Un tipo digno, al que no podemos ver patalear”. Maribel Verdú comenta: “Lo más destacable de Ricardo es su dignidad. Es para inclinarse ante Javier por este trabajo. Es un actor tan soberbio, tan increíble… Y como persona, tan generoso, tan bonito y tan divertido…”.
Salvador según Raúl Arévalo: “Mi personaje es un chaval de veintipocos años, que se ha comido una guerra después de haber estado casi toda su vida en un seminario para ser cura. Y cuando vuelve tiene conflictos internos. Ha pecado mucho y ha matado… Está en la edad de madurar, y le falta perspectiva para asimilar una guerra, el sexo, la muerte, el caos, y la doble moral de la Iglesia. Está muy bien el contrapunto que le hace el Rector, porque es todo lo contrario: alguien que anda de vuelta”. José Luis Cuerda lo explica de la siguiente manera: “Salvador, el diácono, es un hombre inmaduro, que se manifiesta perplejo ante su excitación sexual. Le gustaría no tenerla en ningún momento pero esa excitación le viene con frecuencia y con una gran pujanza. No quiere aceptar que eso sea lo natural a su edad y en sus circunstancias, y busca todo tipo de argumentos para hacer ver que en realidad su objetivo es la creación de una familia, ayudar a una pobre mujer. En el fondo lo que hay es un deseo sexual acuciante que él satisface de otras maneras, como es lógico por otra parte”.
José Ángel Egido habla del Rector: “El Rector, por un lado, es muy campechano y al mismo tiempo muy manipulador. Es astuto, observador, consciente de su autoridad, paciente. Lo más característico de mi personaje es que sabe cómo usar el conocimiento que tiene de la vida para conseguir sus fines, más allá de sus obligaciones pastorales. Usa muy bien toda esa experiencia para encajar los aspectos de la vida en el sistema ideológico propio de ese momento. Es un personaje muy valioso para el régimen porque está al frente de la institución donde se generan las mentes que propagarán las ideas, influyendo así en la vida de muchos otros”.
Roger Princep recuerda a Lorenzo como: “Un niño de siete años bastante travieso. Quiere mucho a su madre”. Su madre en la ficción, Maribel Verdú, dice de él: “La relación que hay entre madre e hijo es de mucha complicidad. Ella trata al niño de igual a igual, como a un adulto. Y el niño miente de una manera impresionante. Se le nota tan poco que está mintiendo… Por eso vuelven completamente loco al diácono”.
Irene Escolar presenta así a su personaje: “Elenita es una niña de dieciséis años que tiene que huir con su novio. Es muy joven, pero toma una decisión de adulto. Es algo admirable, pero también llega un momento, claro, en el que las circunstancias la pueden”.
Para Martín Rivas su personaje es: “Muy joven y le ha tocado vivir circunstancias muy extremas. Está perseguido porque tiene un compromiso político muy fuerte. También siente un compromiso con la poesía y la utiliza para lanzar un mensaje en el que cree. Pienso que es fácil sentirse identificado con alguien que tiene las ideas tan claras, y las vive con tanta valentía y con tanta fuerza”.
Elenita y Lalo según José Luis Cuerda: “Esa pareja es la protagonista de uno de los cuentos más poéticos y más duros de los cuatro que componen la novela de Alberto Méndez. En la película está narrado en términos más poéticos, por decirlo de alguna manera. Marcando unos hitos, retratando unos cuadros que fuesen lo suficientemente expresivos para que el espectador ponga por su parte lo que falta de narración.”
Notas de producción
Literatura y realidad
Antes de arrancar la producción de Los Girasoles Ciegos en 2007, el libro de Alberto Méndez había obtenido en nuestro país tres importantes galardones literarios: el Premio Nacional de Narrativa 2005, el Premio de la Crítica 2005 y el Premio Setenil 2004. Aún hoy, la obra sigue recibiendo premios, el último de los cuales viene de Amberes: el Premio Groene Waterman. Difícil de catalogar, está formado por un ciclo de cuatro relatos encadenados, cuatro historias que según palabras de la viuda del escritor: “Son historias verdaderas y fueron escritas con el olor y el ruido de la memoria de otros”. Apoyado por el público y aclamado por la crítica, la novela Los Girasoles Ciegos diluye las fronteras entre documento y realidad, entre literatura y cine, gracias al extraordinario dibujo humano realizado a través de sus personajes, y a la poética de sus imágenes. “… es decir, nos encontramos en la frontera entre la historia y la literatura, y es a la literatura a la que le corresponde testimoniar el horror de la verdad”, escribió en La Vanguardia J. A. Massoliver Ródenas cuando se publicó el libro.
Fernando Bovaira, productor de la película, dice que Los Girasoles Ciegos “Encierra una historia de cobardías, traiciones, renuncias y obsesiones en un contexto histórico que sitúa el drama en una dimensión más trascendente. En cuánto leí el relato, inmediatamente pensé en José Luis Cuerda como director para esta historia”. A fecha de hoy, ha sido editada en el Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Brasil, Francia, Italia, Rumania, Portugal, Israel y Serbia, entre otros territorios. En estos momentos va por la vigésima edición española, lo que se traduce en más de 100.000 lectores, un alto porcentaje de los cuales lo recomiendan con pasión, tanto, que se ha convertido en una obra de culto. Entre sus admiradores confesos, la casi totalidad del equipo artístico y técnico de la película, y, por supuesto José Luis Cuerda: “Habla la Biblia de girasoles ciegos como de personas desorientadas que no ven el sol y andan dando tumbos cada uno para un lado. Estaría bien ver un campo de girasoles en el que cada uno tiene la libertad de girar hacia donde le da la gana. Aquí lo intentan, regirse por normas personales que no sean imposiciones de seres externos que deciden normas morales para otros”. “Un girasol ciego es alguien que ha perdido el sentido de la vida. Es una historia maravillosa, escrita de una forma especial, que te hace vivir las imágenes”, explica José Ángel Egido. No hubo dudas sobre los autores del guión de la película. “Rafael Azcona ya había adaptado con brillantez otro relato, La Lengua de las Mariposas. Rafael era muy amigo de José Luis y el mejor guionista imaginable para esta adaptación. Estuvo en el proyecto desde su inicio”, explica Fernando Bovaira.
Al juego poético iniciado por Alberto Méndez, y continuado por José Luis Cuerda junto a Rafael Azcona se suman actores y equipo. “Un girasol ciego es aquel que no se gira al sol, por lo tanto no ve la luz”, señala Emiliano Otegui, director de producción que ha compartido la tensión con el cineasta de mirarse en el espejo de una obra literaria admirada por público y crítica. “Esta película parte de una novela muy conocida; muy leída; muy querida por la gente que la ha leído. Había que hacerla muy bien, con el tiempo necesario, los mejores actores y las mejores localizaciones. Y lo hemos conseguido. Esa dureza de la novela y toda su complejidad, ese submundo que está reflejando Méndez sin contarlo abiertamente, está en la pantalla.” Incluso los miembros más jóvenes del reparto sorprendieron al director con su interpretación personal del título. “Un girasol ciego es una metáfora que se refiere a la persona que se pone una banda en los ojos para no ver”, dice Irene Escolar. “La luz viene de muchos lados. Depende del ángulo de incidencia del haz al que te quieras agarrar, de las decisiones que marcarán tu vida. Un girasol ciego es una metáfora que hace referencia a la desorientación, a cuando te sientes perdido, sin saber adónde tirar”, aventura Martín Rivas. “Es un gran libro. Da no para una película, sino para una trilogía”. El entusiasmo de sus lectores es tal que, por ejemplo, los tres protagonistas recuerdan que dijeron sí al proyecto inmediatamente, sin tener todavía el guión en sus manos. Maribel Verdú lo recuerda vívidamente: “Venía de rodar la película Siete Mesas de Billar Francés y cuando llegué a casa sonó el teléfono. Era Cuerda. Nada más darle el sí, me acerqué a la estantería y cogí el libro. Me lo había regalado mi cuñado en 2005, y está absolutamente lleno de anotaciones. Leí por teléfono a Cuerda las frases que tenía destacadas”.
“Yo leí el libro dos años antes de trabajar en esta película. Me encantó”, dice Raúl Arévalo. “Me lo recomendaron y luego lo recomendaba yo. Cuando me llamó Cuerda salía de un ensayo de teatro, y me dio mucho vértigo que me propusiera ser Salvador. Lo que pasa es que cuanto más vértigo me da una cosa, más me motiva. El vértigo me inspira”. Fernando Bovaira comenta sobre el elenco protagonista: “La adecuada elección del reparto era imprescindible para que la película no perdiera la complejidad y matices del relato. Creo que se ha conseguido”. “Es un homenaje a una novela maravillosa”, explica Javier Cámara. “Es terrible, tétrica, espantosa, emotiva, de terror, muerte, destrucción. Y hay algo vital continuamente en ella. Los personajes están vivos, es una apisonadora”. “El girasol ciego crece en la sombra”, matiza Fernando Bovaira. “Creo que en esta película hay muchas formas de ceguera”, puntualiza Sonia Grande, directora de vestuario. “Y creo que es mejor que el espectador la vea y nos cuente qué es un girasol ciego para él”.
El marco y el entorno
Los girasoles ciegos del libro buscan la luz del sol en las calles de aquel Madrid de 1940. Sin embargo, el director de la película ha trasladado acción y rodaje a Orense. “Las historias hay que situarlas donde puedan resultar más expresivas, donde puedan lucirse mejor”, explica el cineasta. “Donde permita que el espectador perciba lo que se quiere contar con ellas. Las localizaciones son importantísimas pero lo son, sobre todo, para ayudar a comunicar lo que esa obra quiere transmitir.” “El Madrid de los años 40 apenas existe”, aclara Emiliano Otegui. “Y ambos llevamos varias producciones localizadas en Galicia: El Bosque Animado, La Lengua de las Mariposas, y el corto Primer Amor. Yo rodé también Mar Adentro allí. Galicia es una tierra por una parte rica en matices, en piedra, en esquinas y movimiento. Por otra parte, Orense es una ciudad con una paz un poco forzada, que es de lo que va esta película, donde nada ocurre pero está ocurriendo todo por debajo. Es un sitio familiar. Y dentro de los problemas que tiene rodar fuera de tu ciudad, allí todavía las películas y los rodajes se ven como algo misterioso”. El rodaje de la película se desarrolló a lo largo de siete semanas y media entre Orense y Madrid.
Para sorpresa de todos, menos del director de producción, el tiempo fue inmejorable. “Las seis semanas y media que hemos estado en Galicia nos ha llovido solamente un día, que ya estaba decidido previamente que sería un rodaje de interior en el colegio”, bromea Otegui. El director de fotografía, Hans Burmann, lo confirma: “El tiempo en Orense fue incluso demasiado bueno. Pero la mayor complicación en esta película fue que rodamos la mayor parte del tiempo con dos cámaras. Dos cámaras cruzadas para hacer el plano-contraplano a la vez. Eso implica una iluminación especial. Y al mismo tiempo, se gana mucha verdad, porque los actores pueden hablar a la vez, sin pisarse las frases”. “La utilización de dos cámaras suele ir a la contra de los deseos de los directores de fotografía, porque atender a las dos cámaras les impide matizar la luz de determinadas situaciones. También suelen rechazar su uso los ingenieros de sonido. Pero los actores pueden estar en situación y actuando en todo momento, lo que da una unidad de rodaje que es imposible en las réplicas repetidas. Esa unidad de espacio, de tiempo, de luz, de racord psicológico de los personajes, es inestimable”, dice José Luis Cuerda. Con las dos cámaras, el equipo se trasladó a Madrid para terminar la filmación en un piso. Bueno, sobre todo en el pasillo de ese piso. Localización que tiene un significado especial para el director: “Nunca en la vida hubiera pensado que se le podía sacar el partido que le hemos sacado en esta película a un pasillo. Creo que ese pasillo es hasta una metáfora muy sintética de lo que es la historia. Un pasillo lleno de libros en estanterías a distintas alturas, que se han ido acumulando con el tiempo. Un hábitat en el que se puede dar la vida por completo”.
Los Girasoles Ciegos es una película de época, pero no de la manera que estamos acostumbrados. El equipo artístico ha trabajado para ofrecernos una mirada inusual de aquellas circunstancias. Este esfuerzo incluye también la elección del reparto, como señala Luis San Narciso: “En la selección del reparto de una película de época hay que tener en cuenta todo, porque todo cuenta. La ventaja aquí es que trabajan excelentes maquilladores y directores de vestuario que ayudan a que un físico sea adaptable a una época. Con un buen equipo en el departamento artístico, cualquier físico encaja”. José Luis Cuerda se siente satisfecho del resultado obtenido por estos equipos, con Balter Gallart como director de arte; Sonia Grande al frente del vestuario; Sylvie Imbert en maquillaje; Fermín Galán en peluquería. Asegura: “Hay un perfecto ensamblaje de lo que son todos los elementos físicos de la película”. Sonia Grande resume la línea general de trabajo de la siguiente manera: “Cuando haces una época que en España se trabaja tanto te das cuenta de que haces ese período, pero nunca es el mismo período. Es decir, nunca haría lo mismo para Cuerda y para este guión, que para Trueba, Amenábar u otro. Las mismas épocas se transforman y tú eliges de ellas lo que es más singular, lo que es más atractivo para el guión que estás haciendo. En este caso me quería alejar de esa imagen que tenemos de la posguerra española, que ya hemos visto mucho. Esa estética basada en el destrozo realista. Me interesaba más la parte más profunda, lo interno de los personajes. Y siendo absolutamente realista, elegimos unas líneas más sólidas, más netas, más tristes, más profundas. Una narrativa visual elegante. A veces pensaba en El Greco por su visión neta de los personajes, buscando su lado espiritual”. La rotundidad de la propuesta visual ha resultado fundamental para el acercamiento a la historia de algunos de los actores. “Nunca había hecho algo de una época lejana”, aporta Raúl Arévalo, “y el vestuario, la peluquería, la ambientación me ha ayudado muchísimo. Me daban el 60% del personaje. Nada más colocarme esa sotana, me ponía más recto y mis manos se movían de otra manera”.
Secretos y silencios
Amenazados por la persecución ideológica y por sus propias mentiras, los protagonistas de la película apenas se atreven a levantar la voz para defenderse. No se trata de una metáfora. Las secuencias localizadas en Madrid reflejan todos esos secretos y silencios de una manera física. “Cuerda lo advirtió desde el primer día: los personajes de esta película tienen que hablar entre susurros. Hay un detalle precioso de ese momento: cómo incorpora la familia a la vida cotidiana ese cerrar de ventanas, como hacen de algo tan terrible algo natural. Cumplen con unas rutinas que por tremendas no dejan de ser sencillas”, recuerda Maribel Verdú. “Es una película de silencios, de miradas, de muchos susurros. Me gustaba mucho la idea de los susurros, de hablar como en las películas americanas”, dice Javier Cámara. Las complicaciones técnicas no se ceñían al departamento de sonido, para Hans Burmann también fueron un reto: “Era un decorado natural pero hubo que hacer unas paredes para aislar el sonido, porque estábamos en la calle Alfonso XII, con mucho ruido de tráfico. Se levantó una segunda pared con unas segundas ventanas para rodar, y eso nos dejó sin poder usar las ventanas verdaderas y redujo el espacio para colocar la iluminación”.
Esa arquitectura sonora hubo que mezclarla, una vez terminada la película, con la banda sonora compuesta por Lucio Godoy. “Lo más complejo de la composición para una película es encontrar la textura”, explica Godoy, “cómo va a sonar la música que estás tocando en el piano. ¿La va a interpretar un músico o cuarenta? La textura es lo más delicado. En algunas películas te sale ya leyendo el guión y en otras no es algo tan inmediato. En este caso, José Luis lo tenía muy claro, y yo también lo veía así: necesitábamos una densidad sonora, muchos seres humanos interpretando un instrumento. Esa calidez, o esa dureza, ese dramatismo a través de mucha gente haciendo sonar su instrumento”. “Ésta es una película que dibuja un crescendo como he visto pocos en el cine”, asegura el director. “A mí me gusta que eso vaya arropado por una masa sonora que acompañe el dramatismo de la historia desde el comienzo hasta el fin. Una música que sea como un túnel. Una sombra que ayude a la comprensión sentimental de lo que está ocurriendo en la pantalla. Esta banda sonora tiene una densidad mucho mayor de lo habitual en mis películas, porque la densidad de lo que está ocurriendo es de tal magnitud que si no tiene esa masa sonora estaremos desperdiciando la ocasión de completar un artefacto dramático en el que todo esté penetrado por todo, en el que todo se deba a todo”.
Para la grabación y la mezcla de la música, el equipo volvió a Galicia, a los Estudios Mans de La Coruña. Allí contaron con la Galicia Filme Orquesta, formada por veintidós violines, ocho violas, ocho chelos, cuatro contrabajos, dos flautas, dos clarinetes, un piano, un arpa y una guitarra. “Estoy muy contento de cómo quedó la grabación, del trabajo de la orquesta y del resultado”, afirma Godoy. “José Luis se mostraba muy contento mientras grabábamos, y eso hizo que yo también me sintiera satisfecho del trabajo. José Luis es una persona muy comprometida con su película y eso es contagioso. Su euforia, bien interpretada, es muy estimulante, te empuja. Es un proceso muy intenso”.
Dignidad y actualidad
Casi siete décadas después de los acontecimientos reflejados por Los Girasoles Ciegos, el equipo de la película coincide en destacar la vigencia de lo contado. Un acercamiento a hechos e historias reales marcado por la contención desde la escritura y, sobre todo, desde la dirección. “José Luis quería darle mucha cotidianidad. No quería ahondar en el drama, sino defender la historia desde la normalidad. Ha sido muy poderoso y honesto. Da miedo no poder patalear, llorar y vomitar como actor, pero es muy gratificante cuando ves el resultado”, dice Javier Cámara. “Es un director que dirige mucho. En cambio no ensaya apenas. Organiza cenas en sitios espectaculares y habla mucho. Cuenta chistes y anécdotas, es una biblioteca andante”. “A mí el momento histórico me quedaba un poco lejos”, apunta Irene Escolar, “y hablé sobre la situación de los personajes con personas que habían vivido aquellos años, como mi tía, que era una niña durante la guerra. También mi madre me recordaba lo vivido por mi abuela, bastante horrible. Todo esto me ha ayudado a comprender algunos comportamientos actuales de la gente que vivió la década de los cuarenta”. “José Luis Cuerda no es un hombre muy creyente”, dice José Ángel Egido, “pero hace milagros. Tiene las ideas muy claras. Conmigo se limitó a hacer el personaje para mostrármelo. Las palabras se pueden interpretar, pero si el director te hace el personaje sobran las palabras. Tanto que le dije que yo no hacía falta en el rodaje. Él insistió en que no era un gran actor y que mejor lo interpretara yo”. “Esta película habla de lo que existe y existirá toda la vida: pasiones, amor, desenfreno, lascivia, dolor. Habla del abuso del poder (algo que está en esta película muy bien reflejado), de represión, de mentiras”, destaca Maribel Verdú. “Pero todo eso lo cuenta de una forma distinta gracias a la inteligencia y a la perseverancia de Cuerda. Para el trabajo quizá soy atípica, pero, aunque estos personajes viven situaciones horribles, yo me reía todo el rato durante el rodaje. No puedo sufrir mientras ruedo. Además, para eso somos actores, para convertir en real algo que es mentira. Eso es lo más bonito, mentir desde la más absoluta verdad y honestidad”. “Cuerda tiene algo que me gusta: sabe mucho de pintura”, dice Sonia Grande. “No todos los directores tienen una formación plástica y de rigor. A mí me gusta entrar en esa complicidad, y creo que hay un lenguaje de contemporaneidad en este trabajo que se entiende muy bien. José Luis tiene un mundo personal muy poético y, al mismo tiempo, muy buen gusto para la elección de las cosas. Es una persona que cuando se empeña en una idea, aunque tiene un gran carácter, se abre al diálogo. Eso se nota mucho en Los Girasoles Ciegos“. “José Luis Cuerda ha creado una película de una solidez impresionante”, afirma Luis San Narciso. “De una profundidad tremenda. Es un director muy natural, nada rebuscado, que va directamente a sacar lo mejor de una historia. El espectador va a disfrutar mucho de esta película porque una buena historia tiene vigencia siempre. La vigencia se basa en la calidad. El resto es intemporal”. “Los Girasoles Ciegos es la película de la que me siento más satisfecho”, dice Los Girasoles Ciegos, “la película que más veces he visto después de terminarla. Me gusta pensar que soy capaz de distanciarme de ella, y de verla como si fuera la película de otro. Y en los momentos de máxima autocomplacencia he llegado a pensar que es una película clásica. Esto dicho así puede sonar una desfachatez, y puede que lo sea, pero es una película que siento con tanta profundidad que no me importa nada que alguien piense que estoy ejerciendo esa desfachatez”.
Los Girasoles Ciegos. Dirección: José Luis Cuerda. Guión: Rafael Azcona y José Luis Cuerda. Intérpretes: Maribel Verdú, Raúl Arévalo, Roger Princep, Javier Cámara, Martín Rivas, Irene Escolar y José Ángel Egido. Nacionalidad: España (2008). Drama, 100 minutos aproximadamente.
Francisco Bellón Ballesteros - Valoración 




Imágenes cortesía de Alta Films (pinchad en ellas para ampliarlas)

















Comentarios
Algo que decir?